ACAPULCO, México.- Quisiera hablar bien de México todo el tiempo. Pero no puedo. No sería justo ni reflejaría la violenta y complicada realidad que vive el país. Antes de entrar con lo que está mal tengo que reconocer que acabo de pasar un extraordinario fin de semana en el puerto de Acapulco. Pasé más de una década sin visitar este lugar que geográficamente no tiene nada que pedirle a Río de Janeiro, Sydney o Ciudad del Cabo. En estas playas pasé muchas y muy felices vacaciones de niño y viví mis primeras noches de adolescente sin papás. Acapulco es parte del ADN de muchos mexicanos. Esta vez, sin embargo, llevaba algo nuevo en mi maleta: mucho miedo. Desde el mar el puerto parecía postal y anuncio del gobierno; espectacular, ordenado, cálido, simplemente el lugar perfecto para olvidar al resto del mundo. Pero en sus calles militarizadas, en sus comercios al borde de la quiebra, en los hoteles a medio llenar, en los restaurantes vacíos y en los antros donde nadie baila, el mensaje es inequívoco: los narcos están destruyendo esta ciudad. Al menos dos grupos de narcotraficantes se pelean esta plaza y ni siquiera los muy visibles camiones abiertos con militares y policías armados con rifles de guerra dan un sentido de paz y seguridad al reducido número de turistas nacionales que aún se la juegan al venir. ¿Extranjeros? Vi a una pareja norteamericana, mayores de 60 los dos, en el avión de ida. Eso es todo lo que vi por tres días. Los hoteleros, restauranteros y comerciantes acapulqueños están muy enojados porque el gobierno del presidente Felipe Calderón les quería quitar el Tianguis Turístico que, hasta ahora siempre se ha realizado en Acapulco y que reúne a los principales agentes de viajes del mundo. Pero el problema es muy sencillo: nadie le puede garantizar la vida a un turista en Acapulco. Nadie. Para contrarrestar esta bien ganada imagen de un sitio turístico peligroso -y no precisamente por los deportes extremos, los saltos en Bungee o por los todavía sorprendentes clavadistas de la Quebrada- el puerto más baleado de México inició una campaña con el eslogan "Habla Bien De Acá". El alcalde de Acapulco, al igual que el presidente Calderón, nos quieren hacer creer que el puerto y el país tienen un problema de percepción. Pero están equivocados. México es una nación terriblemente violenta. Empecemos por reconocerlo. En Acapulco hay decapitados y balaceras en la costera Miguel Alemán. Durante mi estancia la policía encontró en esa avenida principal un taxi con una cabeza sin orejas en el asiento de pasajeros y el cuerpo decapitado, en el asiento de atrás, con las manos amarradas. El cadáver apareció con un narcomensaje para el gobernador de Guerrero. Ese no es un problema de percepción. En Acapulco los narcos se han mezclado a tal grado con la población que cada vez es más difícil saber si una camioneta polarizada, un yate de lujo, una cuenta estratosférica en cualquier establecimiento o una mansión en Las Brisas pertenecen a un criminal. Ese no es un problema de percepción. Esa es la realidad. A las afueras de la bahía, por donde está el hotel Princess y el aeropuerto, ha surgido otro Acapulco, blindado, que no se mezcla con las arenas de Caletilla y Hornitos, de apartamentos de lujo y con un nuevo centro comercial apropiadamente llamado La Isla. Es un mundito de privilegio rodeado de temores y vigilancia privada. Esa ha sido la solución de los pocos que pueden pagar mucho para tomar el sol sin tomar balas. Los ricos han creado sus propios ejércitos privados porque el Ejército del país, el de todos, no ha podido evitar que mueran unos 40 mil mexicanos desde el inicio del Calderonato. Pregúntale a cualquier mexicano en que "ejército" confía más y escucharás la sorprendente respuesta. Pero México no puede ser un país con ejércitos de paga en cada casa y de guardaespaldas para llevar a los niños a la escuela. Ese es un modelo paramilitar insostenible y basta echarle un ojo a este modelo en Colombia para ver los abusos que fomenta. Lo que está viviendo Acapulco –violencia, muertos, decapitados, vacío de poder, frustración ciudadana, impunidad– es lo mismo que pasa en Ciudad Juárez y en Tampico y en Veracruz y en Monterrey y en Cancún y en... Como eslogan me gusta y estoy dispuesto hablar bien de Acá cuando no haya que jugarse la vida en un fin de semana de vacaciones. Después de todo, lo único que uno busca al visitar Acapulco es divertirse y descansar… pero no descansar en paz...para siempre. |
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