Quantcast 7dias.us7dias.us
Mayo 21, 2012,
Consejos para el Consumidor
HDN TV
BUEN VIVIR
REVISTA LA GUIA
inicio
yahoo
rss
Columna

Publicado el 02-12-2010   enviar imprimir
Digg this   Del.icio.us     Google   NetScape   Furl
Tamaño del texto Menos Texto Mas texto
MARÍA ELENA SALINAS

Por el interés de los niños haitianos

MARÍA ELENA SALINAS
Una década de observaciones

<< Anterior | Siguiente >>

El instinto maternal y paternal de la gente alrededor del mundo se despertó después del terremoto en Haití. Los rostros de esas pequeñas víctimas inocentes, las historias trágicas de pérdida y dolor y su mirada perdida tenía a muchos hablando de la adopción.
Mi hija llego a casa un día pidiéndome que adoptáramos a un niño huérfano de Haití. Varias familias de su escuela ya lo estaban planeando, me dijo. Desde hace tiempo hemos querido añadir un miembro más a nuestra familia y aunque adoro a mi hija, siempre soñé con tener un hijo.
Qué mejor momento que ahora para satisfacer ese deseo de adoptar y a la vez ayudar a alguien con tanta carencia y ofrecerle una vida mejor. Créanme que cuando estuve en Haití cubriendo el terremoto yo pensaba en esa posibilidad al ver las caritas de esos pequeños clamando por amor y algún tipo de estabilidad.
La necesidad sin duda existe. Aun antes del terremoto Haití tenía un alto número de huérfanos, estimado por algunos en hasta 400,000. Después de la tragedia esa cifra se duplicó, y quizás hasta se triplicó.
Pero tal como lo pudo comprobar un grupo de misioneros la semana pasada, ofrecerles albergue a estos niños es mucho más complicado de lo que parece. Ellos dicen haber estado en una misión sagrada para salvar a los pequeños huérfanos afectados por el terremoto. Fueron detenidos cuando intentaban transportar a 33 niños de 2 a 12 años de edad por la frontera hacia República Dominicana. Aseguran que sus planes eran construir un orfanato en ese país, e incluso habían hecho arreglos para usar un hotel como orfanato temporal. Sin embargo las autoridades haitianas lo vieron de una manera distinta. Fueron arrestados y acusados de secuestro de menores y asociación criminal.
Resulta que la mayoría de estos niños no eran huérfanos, tenían padres y otros familiares que los podían cuidar. Las investigaciones mostraron que en algunos de los casos fueron los propios padres quienes les entregaron sus hijos a los misioneros. Su angustia eran tan grande que preferían entregar a sus hijos, que verlos viviendo en una miseria absoluta. La idea de que sus hijos tuvieran una oportunidad de vivir una vida digna, con alimentos, cuidado de salud y una educación adecuada pesaba más que el dolor de perderlos. Los misioneros les habían prometido que los podrían visitar, aun si fueran adoptados por otra familia.
Aunque pensemos que
un niño merece esa oportunidad, organizaciones que velan por el bienestar de la niñez consideran que no es lo que más les conviene, aunque hubieran quedado huérfanos. La experiencia de haber pasado por el terremoto y presenciado la pérdida de vidas humanas es suficientemente traumática para ellos. Sugieren que estos niños deben quedarse en sus comunidades, rodeados de su cultura y su idioma natal.
De hecho, la Organización de Naciones Unidas ha establecido directrices que recomiendan que después de un desastre se espere un periodo de dos años antes de que se considere la adopción. Durante ese tiempo se deben hacer esfuerzos por hallar a familiares de los niños huérfanos. Y antes de ofrecerlos en adopciones internacionales, se debe intentar que sean adoptados en su propio país.
Es recomendable consultar a los expertos en situaciones como la de Haití, pero a veces es difícil aceptar la triste realidad. Estos niños serían muy beneficiados si fueran acogidos por familias dispuestas a darles una vida mejor y un futuro prometedor. Los que deseamos ayudarles, tendremos que buscar otras formas de hacerlo tomando en consideración el mejor interés de los niños. Aun así, es inevitable no tocarse el corazón al ver a un niño ante tanta desgracia.

<< Anterior | Siguiente >>