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Publicado el 03-08-2010   enviar imprimir
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MARÍA ELENA SALINAS

Renacimiento en Argentina

MARÍA ELENA SALINAS
Una década de observaciones

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Francisco Madariaga Quintela no quiere escuchar nunca más el nombre de Alejandro Ramiro Gallo. Con ese nombre se le conoció durante los últimos 32 años. Le tomó ese tiempo el darse cuenta que no era únicamente su nombre lo que no encajaba en su vida.
"Fueron años muy oscuros. Viví como un fantasma. Era raro sentir que tu propia familia no te dejaba avanzar y no te ayudaba en nada", dijo Francisco. "Tenía dos hermanos con los que no tenía parecido físico".
Madariaga Quintela es la persona 101 identificada por las Abuelas de Plaza de Mayo, un grupo de mujeres que ha pasado gran parte de los últimos 27 años tratando de localizar a los hijos de víctimas de la guerra sucia en Argentina, quienes fueron tomados en operativos militares y los entregaron en adopción o los enviaron a orfanatos.
Francisco fue uno de ellos. Pero este mes su vida de angustia y desesperación dio un dramático cambio. Finalmente fue reunido, en un emocional encuentro, con su verdadero padre Abel Madariaga.
En marzo de 1976 un golpe militar sembró el terror entre la población argentina, en lo que se conoció como la guerra sucia. Son famosos los llamados vuelos de la muerte en los que prisioneros fueron transportados en pequeños aviones o helicópteros y lanzados al mar o al río La Plata para que se ahogaran. Igualmente, son notorias las desapariciones de miles de adversarios políticos.
Informes de grupos de derechos humanos indican que había aproximadamente 365 campos de concentración hasta donde llevaban a sospechosos de ser izquierdistas para torturarlos. Muchos desaparecieron o fueron ajusticiados sin el debido proceso. Se calcula que unos 30,000 fueron asesinados. Las Abuelas de Plaza de Mayo dicen que alrededor de 400 niños fueron separados de mujeres raptadas y posteriormente asesinadas.
Silvia Quintela fue secuestrada en enero de 1977, tenía 28 años de edad y cuatro meses de embarazo. Ella y su esposo eran militantes del grupo izquierdista conocido como ‘Los Montoneros’. Cuando dio a luz a su bebé, el oficial de inteligencia del Ejército argentino Alejandro Gallo se apoderó del pequeño, y junto con su esposa Susana Colombo lo criaron como si fuera hijo propio. Abel Madariaga nunca más vio a su esposa y se fue al exilio.
Años después Madariaga regresó a su país cuando terminó la dictadura militar y se unió al grupo Abuelas de Plaza de Mayo. Dedicó gran parte de su tiempo ayudándolas a encontrar hijos y
nietos de los desaparecidos, siempre con la esperanza de encontrar a su esposa y a su pequeño hijo a quien pensaba llamar Francisco.
Mientras tanto, el joven que había crecido como Alejandro Gallo empezó una búsqueda desesperada de su verdadera identidad. Alega que durante un tiempo sospechó que él quizás era hijo de una víctima de la guerra sucia. Confrontó a su madre adoptiva, ahora divorciada del oficial del Ejército, quien le confesó que realmente no era su hijo. Él había sido traído a casa por Gallo al nacer, todavía con el cordón umbilical pegado a su cuerpo.
Juntos se acercaron al grupo de las abuelas, tomaron las pruebas necesarias de ADN, y poco después quedó confirmado que él era de hecho el hijo de Abel Madariaga y de Silvia Quintela.
Ambos, padre e hijo, describen el momento de su encuentro como una experiencia que les significó un cambio de vida. "Fue como encontrar algo tuyo, algo de lo que estuviste privado durante 32 años", dijo Francisco.
Su padre todavía tiene grabado en la memoria el momento en que su hijo tocó a la puerta. "Nos reconocimos totalmente el uno al otro. Lo abracé por primera vez, fue como si llenara un vacío en mi alma", dijo.
Las Abuelas de Plaza de Mayo, llamadas así por el lugar donde se han reunido durante años junto con las madres de desaparecidos para protestar y exigir el retorno de sus seres queridos, no abandonarán su misión hasta que encuentren a todos los niños que fueron raptados. Y tampoco se detendrán hasta que los responsables sean llevados ante la justicia.
La reunificación de Francisco y su padre biológico fue un momento agridulce. Recordó a los argentinos una de las épocas más oscuras de su historia. Pero para el padre y el hijo, es como nacer de nuevo. "Nunca jamás", dijo Francisco, utilizará el nombre de Alejandro Gallo. "Tener tu propia identidad es la cosa más hermosa que existe", agregó.

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