El tema aparece de nuevo en los titulares. En las últimas semanas, casi todos los días se lee un artículo, una columna o se ve un reportaje sobre el creciente número de denuncias de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes católicos en todo el mundo. Esta vez el énfasis de los reportes se centra en el encubrimiento de sacerdotes pedófilos por parte del Vaticano y en particular del Papa. Un titular que captó mi atención fue uno que decía: "El Vaticano denuncia campañas de odio anticatólico". Varios funcionarios de alto nivel del Vaticano han salido en defensa del Papa Benedicto XVI, alegando entre otras cosas, que está en la mira debido a su oposición al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Pareciera que la iglesia está ahora en una campaña propia para encubrir el encubrimiento. Con todo el respeto que la jerarquía de la iglesia merece, es sorprendente que ellos quieran que el mundo ignore el hecho de que el Vaticano ha sabido durante décadas acerca de miles de casos de abuso sexual por parte de sacerdotes. Tenemos derecho a saber por qué no puso fin a esa situación y por qué fue encubierta tan claramente. Entre los que salieron a defender al Papa está el decano del Colegio de Cardenales de la Santa Sede. El cardenal Angelo Sodano, quien fue citado en el periódico del Vaticano L’Osservatore Romano, diciendo que la iglesia está sufriendo a causa de los sacerdotes pedófilos, pero añadió que "Benedicto XVI ha pedido disculpas varias veces". "No es culpa de Cristo que Judas lo haya traicionado. No es culpa de un obispo, si uno de sus sacerdotes está manchado por irregularidades graves. Y ciertamente el Papa no es responsable", dijo Sodano. Sí, Benedicto XVI ha pedido disculpas por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos, y es encomiable que se haya entrevistado personalmente con las víctimas en el comienzo de su papado. ¿Pero pidió disculpas por no denunciar públicamente los abusos? ¿Ha pedido disculpas por no tratar de poner fin a los abusos y llevar a los autores de los crímenes ante la justicia cuando era el cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe? Lo que sí sabemos es que en muchas ocasiones la solución a los casos de abuso era transferir al abusador a otra parroquia, fuera del país si era necesario. Lo que no sólo no evitó que los abusos se produjeran, sino que dejó impunes los crímenes del pasado. He cubierto esta historia ampliamente a través de los años. En el año 2002 visitamos el Center for the Paracletes en Nuevo México, a donde desde la década de 1960 la iglesia envió a los sacerdotes que se creía tenían adicción sexual. Después de que recibieran terapia y asesoría, y se consideraban rehabilitados, eran enviados a servir en las parroquias en las diferentes comunidades. Así es como Nuevo México se convirtió en el estado con la mayoría de los casos de abusos sexuales del clero contra menores de edad en Estados Unidos. No es culpa de los obispos si uno de sus sacerdotes está manchado por graves irregularidades, como dice el cardenal Sodano. Pero es su culpa si la solución es enviar al sacerdote pedófilo a otro lugar donde puede seguir abusando de niños. "El Papa no es responsable", afirma Sodano. Como cabeza de la iglesia, el Papa debería asumir la responsabilidad de todo lo que pasa, bueno o malo. Pero lo más importante es que Benedicto XVI debería responder por sus actos y omisiones durante las más de dos décadas que dirigió el departamento encargado de promover la moral y asuntos de fe. De hecho, fue el cardenal Ratzinger quien ratificó y actualizó en el 2001 un documento del Vaticano de los años 60 que instruyó a los obispos sobre cómo hacer frente a "crímenes de solicitación". La nueva versión dio órdenes estrictas para dar a los casos de abuso infantil un trato directo por parte de la jerarquía del Vaticano. El edicto secreto del Vaticano, según informes periodísticos, ordenó a los obispos no denunciar los casos de abuso infantil por parte del clero a las autoridades legales y les pidió que disuadieran a las víctimas de abusos, a los testigos y los autores para no hablar de ello, amenazándolos con la excomunión si lo hacían. No Cardenal Sodano, esta no es una campaña de odio anticatólico. Pedir al Vaticano que diga la verdad, para detener el encubrimiento y dejar que se haga justicia, no representa un ataque contra la iglesia. Abusar sexualmente de un niño no es sólo una "irregularidad", no es sólo un pecado mortal o una violación moral que debe tratarse a puerta cerrada en juicios canónicos. El maltrato infantil es un delito, cuando es cometido por un sacerdote es una pena, y cuando es encubierto a los más elevados niveles de la iglesia, es una desgracia. |
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