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Publicado el 08-03-2005   enviar imprimir
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MARÍA ELENA SALINAS

Bofetada olímpica al béisbol

MARÍA ELENA SALINAS
Una década de observaciones

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El verano es supuestamente el mejor momento para disfrutar del béisbol. Pero para millones de aficionados a ese deporte en Latinoamérica este es el verano del descontento. La decisión del Comité Olímpico Internacional de eliminar el béisbol de los juegos olímpicos del año 2012 en Londres, ha golpeado a los aficionados al béisbol en América Latina como bola rápida a la cabeza.

Es de esperarse que los aficionados al béisbol en Estados Unidos estén desilusionados por la decisión de eliminar de las olimpiadas a su pasatiempo nacional. Muchos fanáticos consideran el retiro del béisbol y el softbol –los primeros deportes en ser eliminados de los juegos olímpicos desde que el polo fue excluido en 1936– como un acto patente de antiamericanismo. También existe descontento en lugares como Japón, Corea, Australia y Canadá.

Pero en América Latina la decisión fue un duro golpe para aficionados en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, Panamá y Nicaragua. En estos países el béisbol es rey. Es una obsesión nacional que alimenta el orgullo patriótico, crea héroes hispanos y da mucho de que hablar a los aficionados. El béisbol tiene también muchos seguidores en México, aunque allí el fútbol sigue siendo el deporte número uno.

Además, Latinoamérica está muy bien representada en las grandes ligas del béisbol estadounidense. Basta con mirar la lista de jugadores en cualquier equipo para darse cuenta que hay una cantidad enorme de nombres hispanos. Pero los aficionados latinoamericanos –al igual que aficionados alrededor del mundo– siguen con pasión a sus propios equipos nacionales que por lo general desempeñan un buen papel en eventos internacionales, incluyendo las olimpiadas.

Consideremos el caso de Cuba, que ha ganado tres medallas de oro en béisbol en las últimas 4 olimpiadas. Jugadores de béisbol cubanos, que están entre los mejores del mundo, no son parte de las grandes ligas estadounidenses, a menos que se conviertan en desertores, como es el caso de Orlando "El Duque" Hernández, su hermano Liván Hernández y José Contreras, para mencionar unos cuantos. Oficiales del deporte cubano están molestos por la decisión, al grado que han apelado ante el Comité Olímpico y han llegado hasta responsabilizar a las ligas mayores del béisbol por la suspensión como deporte olímpico.

Es cierto que las grandes ligas del béisbol han visto con recelo a los juegos olímpicos. A los jugadores de equipos mayores no se les permite participar en las olimpiadas. Y eso no es sorpresa. Después de
todo, la temporada de béisbol es en el verano, al igual que los juegos olímpicos. Un equipo como los Yankees, por ejemplo, resultaría afectado si permitiera que un jugador como Mariano Rivera se fuese a jugar por Panamá en medio de la temporada, o si se permitiera a Jorge Posada jugar por Puerto Rico o a Alex Rodríguez jugar para República Dominicana o incluso Estados Unidos, pues es nacido en Nueva York pero de padres dominicanos y podría elegir en qué equipo jugar.

Los funcionarios olímpicos también tienen su parte de culpabilidad. Ellos han insistido en que los mejores atletas compitan y dieron luz verde para que jugadores profesionales lo hicieran en el año 2000. Algunos han sugerido que las pruebas anti-doping influyeron en la decisión. Otros creen que algunos países han conspirado para eliminar el béisbol y el softbol de las olimpiadas porque son deportes en que los estadounidenses generalmente dominan.

Si la teoría de la conspiración contra Estados Unidos fuera cierta entonces su razonamiento desafía la lógica. Estados Unidos ha ganado tan solo una medalla de oro en las 4 olimpiadas en que se ha jugado béisbol y su equipo ni siquiera calificó para los juegos de 2004 en Atenas. Quizás los norteamericanos tengan su última oportunidad en el 2008, antes que las nuevas reglas entren en vigor.

Cualquiera que sea la razón por la que se eliminó el béisbol de los juegos olímpicos, dejó decepcionados a los aficionados aquí y al sur de la frontera que –a partir de 2012– se quedaran con las ganas de echarle porras a sus equipos nacionales.

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