PARK RAPIDS, Minn. – Como reportera principiante a comienzos de los 90 en esta zona del país una de mis obligaciones fue la de cubrir a los hispanos, una comunidad conocida mejor en esa época como la comunidad de trabajadores migratorios. En ese entonces la mayoría de la fuerza laboral latina que llegaba hasta este extremo norte del país regresaba a casa, al sur del Río Bravo, antes de que llegara el invierno. No me imaginé entonces que al cabo de pocos años la situación de esa comunidad cambiaría en forma tan dramática. En 1993, la administración Clinton se propuso reducir todos los cruces ilegales de la frontera entre Estados Unidos y México, lo que significó que muchos trabajadores latinos acabaran con su migración circular y empezaran en cambio a vivir aquí todo el año. El número de residentes latinos en Minnesota ha aumentado más de 166 por ciento en 15 años, lo que lo convierte en el noveno estado con mayor crecimiento hispano en la nación. Propuestas de reforma a la inmigración que ignoren este cambio corren un alto riesgo de fracasar. De los 11 millones de inmigrantes que se estima viven en este país ilegalmente, una tercera parte lo ha hecho ya por más de una década. Según el Pew Hispanic Center, la mayoría de los inmigrantes no autorizados tienen sus familias cercanas aquí, millones tienen parientes nacidos en Estados Unidos y casi una tercera parte son dueños de casa. En otras palabras, la mayoría de los latinos ilegales ha hecho de Estados Unidos su hogar. Cualquier propuesta que obligue a estos inmigrantes a que arranquen sus raíces y abandonen dichos hogares, seguramente no logrará que se cumpla. Y sin cumplimiento, ¿de qué serviría la reforma? Un proyecto de ley presentado la semana pasada por los senadores John Cornyn (R-Texas) y Jon Kyl (R-Ariz.) muestra poca preocupación por la suerte de millones de inmigrantes indocumentados y sin su cooperación será una ley condenada al fracaso. La propuesta obligaría a los indocumentados a que se presenten ante autoridades, paguen una multa y acepten su deportación. Una vez de vuelta en sus países de origen podrían acceder a un nuevo programa de trabajadores huéspedes que les otorgaría una visa temporal y los enviaría de regreso por lo menos por un año una vez se venza. El proyecto y en especial su estrategia de “reportar y deportar”, busca satisfacer a aquellos que desean una solución punitiva para el inoperante sistema de inmigración estadounidense. El problema es que esos grupos a favor de medidas más duras tal vez nunca estarán satisfechos. Ven a los inmigrantes como una amenaza y no se sienten seguros incluso entre los recién nacidos. Uno de esos grupos, el Center for Immigration Studies, sugiere que los hijos de inmigrantes representan una especie de peligro inminente. Como conclusión de un informe presentado a comienzos de mes, el centro indica que fueron los hijos de los inmigrantes europeos los que causaron “los disturbios laborales de la Gran Depresión”. Y fueron los hijos de inmigrantes negros del sur quienes provocaron “los disturbios en ciudades del norte durante los 60”. La Casa Blanca y líderes del Partido Republicano, saben que posiciones extremas de esa índole – compartidas por algunos Republicanos en el Congreso – son políticamente insostenibles. Para distanciarse de ellas, están creando una coalición de empresarios y defensores de inmigrantes que, según informó Los Angeles Times, trataría de “marginar esas voces” que podrían asustar a votantes latinos y tal vez poner en peligro la mayoría republicana en el Congreso. Aunque no se sabe cual es la posición de esta coalición frente a las reformas a la inmigración ante el congreso, haría bien en apoyar la propuesta bipartidista de los Senadores John McCain (R-Ariz.) y Ted Kennedy (D-Mass.). El proyecto de ley presentado en mayo es el único que tiene en cuenta que muchos inmigrantes ilegales han echado ya raíces en este país. La propuesta legislativa motivaría a los inmigrantes ilegales a participar en un programa de trabajadores huéspedes de hasta seis años dándoles después la oportunidad de obtener la residencia legal y empezar así su camino hacia la ciudadanía. El Representante Jim Kolbe (R-Ariz.), uno de los promotores iniciales de la propuesta McCain-Kennedy del lado de la Cámara, dijo que permitir ese tipo de legalización permanente debe ser parte de la ecuación. Si el proyecto ofreciera solo una oportunidad temporal para legalizar su situación, muchos no la tomarían y “desaparecerían después”. El otro día sentí que había regresado a cubrir a los trabajadores migratorios cuando ví una pequeña familia latina en un supermercado en estos bosques del norte. Cuando cubría este tema hace años podía estar casi segura que una familia como esa haría parte de una comunidad transeúnte que desaparecería en unos meses llevándose consigo sus escasas pertenencias. Hoy dichas familias están comprando casas y estableciéndose, han logrado hacer su vida en este país tal como lo hice yo y estoy segura que la aprecian a tal grado que no la dejarán ir fácilmente. |
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