Todos los años desde 1901 el Premio Nobel se entrega por los logros conseguidos en Física, Química, Medicina, Literatura y en especial por la Paz. Este grandioso premio internacional fue fundado por Alfred Nobel, un industrial sueco del siglo XIX y quien fue el inventor de la dinamita. Este “noble” multimillonario dejó a su muerte la cantidad de 31.5 millones de coronas suecas equivalentes a 1.500 millones en la actualidad, fortuna que hizo con sus inventos. Nobel dejó 355 patentes de sus inventos y tenía empresas en 20 países en 90 lugares distintos. En su testamento pidió que se creara una fundación internacional para que administrara la Fundación Nobel en Estocolmo. Hago este recuento porque esta fue una de las acciones más nobles que ser alguno dejara como legado a la humanidad y hoy, para regocijo de nosotros los latinoamericanos uno de los nuestros recibe este premio, el peruano Mario Vargas Llosa, por haber producido “en el campo de la literatura la obra más notable de tendencia idealista”. Las razones expuestas por la Academia fueron “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. Mario Vargas Llosa igualmente ha recibido premios muy importantes como del Cervantes, al Príncipe de Asturias, por sus clásicos de literatura contemporánea como ‘La Casa Verde’, ‘La Ciudad y los Perros’ y ‘Conversación en La Catedral’, entre otros. Sé que todos los hispano parlantes estamos muy orgullosos de Don Mario y celebramos junto a él este reconocimiento bien merecido. Igualmente, el Comité Nobel Noruego otorgó el premio Nobel de la Paz al chino Liu Xiaobo “por su larga lucha sin violencia por los principios fundamentales de los derechos humanos en China”; una persona que calza a la perfección la descripción del premio que recibirá, “quien haya llevado a cabo la mayor o mejor labor a favor de la fraternidad entre naciones, y por la celebración y el fomento de la paz”. Qué alegría y qué tristeza sentí al leer esta noticia. Alegría por el premio de Literatura a un suramericano del cual soy admiradora y tristeza por un luchador de los derechos humanos que ha estado encarcelado cumpliendo una condena por 11 años. Tal como lo describió Nobel en su Testamento “los Derechos Humanos son un requisito fundamental para la fraternidad entre naciones” y eso es por lo que ha estado luchando Xiaobo, por el cumplimiento y el respeto a la Constitución de su país que a diario es violada por el gobierno chino. La Constitución china reza en su artículo 35 “los ciudadanos de la República de China disfrutan de libertad de expresión, de prensa, de asociación, de procesión y de demostración”, pero la verdad es que estas libertades han sido coartadas y sus ciudadanos privadas de ellas. Xiaobo representa el símbolo de la lucha que a diario llevan los ciudadanos chinos por el respeto a sus derechos humanos. Muchos de nosotros sabemos la lucha que nuestros países llevan a diario por la violación constante de estos derechos y cómo se castiga a todo aquel que abogue por ello. Por estos motivos este Premio Nobel es doblemente especial para mí y desde esta columna celebro por partida doble estos premios otorgados a dos ciudadanos extraordinarios. “Honor a quien honor merece”. |
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