Vivimos en un país de libertad y de respeto a los derechos individuales, un país que condena y fustiga las violaciones de los derechos humanos en cualquiera de sus formas en todos los países del mundo, por eso la aparición de las fotos de los prisioneros iraquíes sometidos a abusos y vejaciones de soldados del ejército americano y británico, se han convertido en un escándalo de proporciones que nosotros no nos alcanzamos a imaginar. La invasión a Irak se realizó con la excusa de buscar armas de destrucción masiva y al no encontrarlas, el argumento se fue cambiando a la liberación de Irak de los abusos, violaciones y torturas del régimen del dictador Saddam Hussein. Ahora con la aparición de las fotos, se debilita el argumento y se echa más leña al fuego en un convulsionado e inestable Irak, porque cada día ofrece más resistencia al invasor. No hay argumento que justifique las atrocidades cometidas con los prisioneros. Desde luego no son comparadas con las cometidas por Hussein, pero al fin y al cabo son violaciones de los acuerdos humanitarios que resquebrajan la credibilidad del gobierno americano entre los países del mundo. Hoy más personas se preguntan qué “diablos” estamos haciendo allá, por qué estamos atentando contra la dignidad de un ser humano, por qué estamos perdiendo la autoridad moral que teníamos y más aún, qué vamos a hacer ahora con un Irak que cada día nos odia más por las cosas que estamos haciendo. La responsabilidad del gobierno le costará el puesto al Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld si la elección del presidente se ve afectada por lo sucedido, pero aunque tenemos mala memoria y volvemos a cometer errores, hacía muchos años el mundo no despertaba un sentimiento antiamericano como el que está sintiendo. Y para rematar el presidente Bush aparece en las principales cadenas de televisión árabe y condena los actos, pero no se disculpa por ellos y genera además de la furia y el odio, la desconfianza entre quienes aún respaldan al gobierno. Las violaciones a los prisioneros no son actos de depravación de un grupo de soldados desadaptados en una cárcel cualquiera, son como lo expresó Sabrina Harman, la soldado protagonista de la mayoría de las fotos, parte de un programa de intimidación para vulnerar la resistencia de los prisioneros y lograr su cooperación, ordenada por las agencias del gobierno a cargo de los interrogatorios. Si siguen investigando, seguirán apareciendo fotos y videos en otras prisiones no sólo en Irak, si no en Afganistán. Quizá estas prácticas sean justificadas por alguien, pero la verdad es que no difieren en mucho al sufrimiento físico que utilizan las principales dictaduras del mundo y son para el pueblo musulmán peores que cualquier tortura infringida por los sistemas de represión iraquíes. ¿Qué pasará la próxima vez que un soldado americano sufra una humillación semejante por parte de sus captores? ¿Cómo podemos proteger a nuestros soldados en los dos frentes de batalla para evitar que sean blanco de una “venganza” similar? Yo creo que la posición del gobierno debe ser la de una condena ejemplar y la de castigar a quienes tenga que hacerlo, sin importar si para ello tenga que “sacrificar” a fichas claves como el secretario de defensa. Entre más ejemplar sea el castigo, más posibilidad existe que el mundo entienda que de verdad nos importa y que es parte de este país el respeto a los derechos humanos y no una simplemente retórica que sirve para condenar a países subdesarrollados. |
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