La semana pasada el presidente Barack Obama pronunció su discurso sobre el Estado de la Unión. Aunque con mucha demagogia, las propuestas del presidente le han dado una esperanza a la ya debilitada economía del país. La creación de trabajos, el impulso a la pequeña empresa, el fomento a las energías alternativas y a las exportaciones, apuntan a que estas medidas puedan constituirse en la solución para construir un mejor país. No es un secreto que la economía de Estados Unidos está basada en las pequeñas empresas, y estas han sido las más golpeadas con la crisis. Serán ellas la mejor alternativa para emplear la fuerza laboral que ha quedado cesante, de por si, los números de desempleo solo muestran a las personas que no tienen trabajo, pero muchas de ellas han empezado sus propios emprendimientos. Otras laboran parcialmente y aunque todas figuran en las estadísticas, no creo que esos 12 millones de desempleados estén en la casa lamentándose. Muchos de ellos se han reinventado y así oficialmente estén sin trabajo, están en el proceso de generar sus propios empleos y en convertirse en empleadores. Hoy más que nunca se requiere de la financiación a través de los bancos comunitarios −como lo propone el presidente− que puedan prestar a los pequeños negocios para empezar a mover la economía. El dinero que se dio a los grandes bancos nunca llegó a manos de los que necesitaban esa financiación, esperamos que ahora no ocurra lo mismo con este nuevo estímulo. Creo que Obama está tomando medidas que puede que no sean populares, en especial a quienes no les interesa que la economía mejore por cuestiones políticas, pero a la larga serán medidas que den resultados. Suspender el proyecto del viaje a la Luna o recortar ayuda a países como Colombia, puede que genere críticas. Pero como lo dije en algún editorial, en este momento no podemos pensar en lo que pasa en el mar de la tranquilidad en la Luna o en las selvas de Colombia; en este momento nuestra prioridad es lo que está pasando con las personas que están perdiendo las casas acá en nuestro vecindario, los que sufren para llevar la comida a la casa o los que han tenido que cerrar por falta de ventas. Eso es lo que queremos oír, cómo va a solucionar el problema acá en nuestras ciudades y eso fue lo que escuchamos. Nunca me imaginé oír que el presidente mencionara a Tampa y que le daría el espaldarazo para la construcción del tren rápido. En los 10 años que llevo en este país, es la primera vez que un presidente en su mensaje a la Unión habla de una de nuestras ciudades. La promesa de los fondos para la construcción del tren, cambiará la historia de nuestra área. Ese es el detonador para una mejor economía y un futuro más próspero. Tampa gracias a la presión de algunos de sus políticos como Kathy Castor está logrando un desarrollo que será de beneficio para toda la comunidad de la Bahía. El tren traerá progreso y no solo serán los 23 mil trabajos que se crearán para la construcción, serán las inversiones en nuevos proyectos turísticos, hoteleros y de servicios para toda la región. El nuevo parque Legoland, Busch Gardens, Ybor City, el Hard Rock Casino, serán las principales atracciones a las que le seguirán nuevas entretenciones temáticas, nuevos complejos turísticos que impulsarán la economía y desde luego le darán una mejor calidad de vida a nuestra gente. El jueves con la visita del presidente a la Universidad de Tampa se abrió un nuevo camino, Obama no solo trajo $1.25 billones, trajo el comienzo de la recuperación. Por eso al final del discurso cuando se produjo la respuesta republicana por parte del congresista Mario Díaz Balart en español y del gobernador Bob McDonnell en inglés me preguntaba si ellos vivían en otro país, si no estaban preocupados por los millones de personas que necesitan salir de esta crisis. Recordaba lo que me dijo alguien, para sacar el sofá del cuarto necesitamos los dos empujar del mismo lado, si tu empujas del lado contrario aquí nos quedaremos por siempre. Hacer oposición es bueno cuando se fiscaliza, pero es pésimo cuando lo que se busca es paralizar. No sé si Díaz-Balart o McDonnell pensaron que la deuda de la guerra la pagarían nuestros nietos cuando el presidente decidió la absurda invasión a Irak. Hoy estarán pensando que el tren bala lo pagarán sus nietos, pero si creemos en la grandeza de esta nación lo que se está haciendo es construyendo un país más moderno precisamente para nuestros nietos y las nuevas generaciones, un país con desarrollo que no dependa de otras naciones para su progreso que lo es lo que ha pasado en los últimos años. Se nos olvidó producir en este país, nos dedicamos a comprarles a otros y revender, y ya es hora de que empecemos a generar riqueza y no simplemente a especular con ella. ¡Qué viva el tren! y espero tener la oportunidad de viajar en el y de ver cómo cambiará el panorama de nuestra región con una idea que por 25 años estuvo en Tallahassee, que se aprobó hace 10 y que por falta de visión y de dinero, por estar pensando en que nuestros nietos financiarán guerras en otras latitudes, no habíamos podido realizar. |
|








