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Publicado el 03-01-2010   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

Los soñadores

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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Conocí a Vanesa hace 2 años cuando teníamos el programa de televisión “La Guía TV”, ella fue una tarde para hablar del Dream Act. Recuerdo que le pregunté qué quería ser al salir de secundaria, me dijo “abogada para poder defender a otros que estén en mi misma situación”.
En ese programa ella le envió un mensaje en inglés al representante Vern Buchanan pidiéndole que pensara en muchachos como ella, “no estoy pidiendo que me regale nada, solo le pido que me de una oportunidad para demostrarle lo que puedo hacer”, le dijo Vanesa.
Quizás el mensaje nunca llegó y tal vez si hubiera llegado él no habría hecho nada por ella ni por los 300 mil estudiantes que están en su misma situación. Vanesa terminó la escuela en forma sobresaliente, no solo en lo académico sino también en lo deportivo. Hoy Vanesa estudia enfermería y tiene que pagar por sus estudios como si no fuera residente del estado, a pesar de haber vivido más de la mitad de su vida en la Florida.
Vanesa es uno de los miles de casos de muchachos que llegaron a este país acompañando a sus padres sin saber que al hacerlo estaban cometiendo un delito, y ahora tienen que pagar las consecuencias de algo que no planearon y de lo que no fueron culpables.
En el evento de oración del fin de semana al este de Manatee, escuché de la abogada Lisa Cochrane, una reflexión muy interesante. Vanesa como muchos otros niños, llegaron sin documentos al país y sin esos documentos ingresaron al sistema escolar, muchas veces por 10 años como ella o más.
El estado invierte en ellos miles de dólares para darles una educación. La mayoría de ellos no piensan regresar a sus países en los cuales muchas veces no tienen ningún familiar o raíces. Muchos de ellos, lamentablemente, ni siquiera hablan español. Son tan americanos como cualquier otro nacido en esta tierra y muchas veces saben más de su historia que muchos de los que se han ganado la ciudadanía en alguna feria, lotería o matrimonio.
Quieren a este país más que al que los vio nacer. Pero ante los ojos de la ley, no son nada, porque como diría el poeta, no son de aquí ni son de allá. Son parias, niños sin tierra, porque en la que han vivido no los reconocen y de la que se fueron no los
conocen. No es comprensible que después de invertir tanto en ellos no les demos la oportunidad de terminar sus estudios, que les trunquemos sus ilusiones y de paso perdamos la inversión realizada en ellos.
Esos niños no son delincuentes, ni pandilleros, solo quieren una oportunidad para lograr seguir estudiando, para tener un título que pueda cambiar la historia de sus vidas. ¿Qué pecado puede ser este? ¿Qué de malo puede haber en que un o una joven quiera seguir estudiando -y devolverle algo al país que lo acogió e invirtió en él o ella- siendo un profesional?
Parece absurdo pero es así. Es preferible dar miles de cupos en una lotería para traer inmigrantes que no conocen de la historia de Estados Unidos, que no han sentido el amor y la emoción de ver ondear la bandera de barras y estrellas, a legalizar cada año 70 mil niños que son americanos, y que lo único que no tienen es un simple papel que los acredite de serlo.
Cada vez que se menciona el Dream Act, para aquellos enemigos de la inmigración surge la palabra amnistía y desde luego con ella paran cualquier intento de hacer justicia.
Este no es un problema de tener o no tener papeles, no es de premiar o no premiar al infractor, es un problema de justicia, de humanidad. Quizá nos falta grandeza para hacer actos como este y aprobar una ley que legalice cada año a jóvenes brillantes a los que les estamos quitando el sueño, su sueño de ser abogado o doctor, simplemente por no tener la grandeza que tuvieron los fundadores de esta nación de inmigrantes.
Parece que fuera un club al cual siempre quisimos entrar y el día que nos dieron la oportunidad se nos olvidó lo que sentíamos cuando estábamos esperando afuera y ahora queremos cerrar la puerta para que nadie más entre.
Esta es una tierra de inmigrantes, desde los que llegaron en el Mayflower hasta los que llegan en balsa y eso no se nos puede olvidar.
Apoyemos el Dream Act y llamemos al representante de nuestra área, a los senadores estatales, para que no se olviden de los miles de niños que son el futuro de esta nación.

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