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Publicado el 04-01-2010   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

Semana de reflexión

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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En esta Semana Santa que está terminando vale la pena dejar algunos temas de reflexión a nuestros lectores.
En abril de 2003, 75 cubanos, entre periodistas independientes, defensores de derechos humanos y bibliotecarios, fueron encarcelados y sentenciados por el régimen castrista. Ese episodio se conoce como la “primavera negra” y de este hecho surgió un grupo espontáneo de valientes mujeres que empezaron a hacer sentir su voz para denunciar el encarcelamiento de sus familiares. Las Damas de Blanco se han convertido en la voz de la conciencia del pueblo cubano y su estoica participación les ha valido reconocimientos internacionales.
Ante la muerte de Orlando Zapata Tamayo uno de los 75 presos de la “primavera negra” y de la huelga de hambre del disidente Guillermo Fariñas, el mundo se ha sensibilizado de la situación en Cuba. Los atropellos contra las Damas de Blanco y la solidaridad en las marchas organizadas en Estados Unidos por personajes conocidos, han elevado el volumen a las voces de rechazo a los abusos continuos del régimen contra los derechos humanos.
Orlando Zapata y Guillermo Fariñas se han convertido en mártires pero las Damas de Blanco se convirtieron en las heroínas de la libertad. ¿Podrán ellos y ellas hacer cambiar las políticas en la Isla? No parece posible, pero lo que sí han logrado es despertar el apoyo de gobiernos, líderes mundiales y personajes que nunca hubiera imaginado oírlos criticar a Fidel. Nunca hubiéramos pensado que Pablo Milanés pudiera criticar al régimen como lo ha hecho por la huelga de hambre de Fariñas o las críticas de gobiernos europeos, e incluso de algunos países latinoamericanos.
Estas marchas en silencio están logrando más que la retórica, el embargo y la Ley Helms-Burton. El día de los cambios en Cuba está cerca porque inevitablemente el pueblo cubano va a presionar desde adentro a la camarilla de los hermanos Castro para cambiar o morir.

Cuando aún están abiertas las heridas causadas por la aprobación de la reforma al sistema de salud, ya comienza el debate en las calles a la reforma migratoria.
Las marchas de Washington y Los Angeles son el preludio al segundo round que librará el presidente Obama este año, el tema migratorio.
Hace unos tres años en un foro comunitario escuché al representante Juan Carlos Zapata decir una verdad de esas que no nos atrevemos a decir: “En este país a los inmigrantes les echamos la culpa de todo,
solo falta que les echemos la culpa por los huracanes”. Y Zapata tenía razón, la semana pasada el futuro candidato republicano a la gobernación de Texas Leo Berman culpó a los inmigrantes ilegales de la crisis económica que vivimos. Algunos de los miembros del Tea Party han hablado fuertemente sobre la inconveniencia de la inmigración pues le está quitando el trabajo a los americanos. Y la Heritage Foundation y FAIR hablan sobre los efectos económicos negativos de una legalización en este momento (aunque para ellos todos los momentos son malos para una legalización). Hasta el otrora defensor de los inmigrantes, el paladín de la reforma en el 2007, John McCain, se ha alejado del tema porque su reelección está en peligro ante la radicalización que vive Arizona y prefiere ponerse del lado del ala antiinmigrante a perder las primarias republicanas con J.D. Hayworth.
Muchos políticos ya no quieren hablar del tema y otros como José Parra, portavoz hispano del líder de la mayoría demócrata en el Senado, ya está dando por derrotada la reforma como por una supuesta retaliación republicana por la aprobación de la reforma de salud.
Hay que hablar claro, a la derecha radical, a los Minuteman, y a un buen número de republicanos, no les interesa la reforma porque prefieren seguir en esta situación conveniente para quienes quieren seguir esclavizando a la comunidad indocumentada. Pero tampoco los demócratas están asumiendo un liderazgo para presentar la reforma y al presidente le falta asumir ese compromiso con la comunidad hispana.
No hay que rasgarse las vestiduras y decir otra vez que no se pudo porque los republicanos no cooperaron, ya se demostró que si se quiere y existe la determinación se pueden aprobar las iniciativas del presidente para hacer cumplir sus promesas de campaña.
Los demócratas tienen que asumir el liderazgo y ver cómo en una iniciativa bipartidista se comienza el debate. Ahí sí sabremos quien está con la reforma y quien no, y poder decidir en noviembre en las urnas lo que la comunidad quiera. Por ahora hay que seguir presionando llamando a los congresistas y haciéndoles llegar el mensaje de urgencia de una reforma migratoria justa.
Y para terminar los temas de reflexión en esta semana de pasión, la reforma de salud por ahora no fue el fin del mundo como pronosticaban sus detractores. No se cayó la bolsa, no se asustaron las grandes compañías y por el contrario
los emprendedores están viendo las ventajas de las mismas para desarrollar nuevos negocios con los 32 millones de nuevos clientes.
Como dijo el presidente cuando baje el polvo la gente podrá ver con claridad los beneficios de la misma. Ese día podremos ver si de verdad la reforma va a traer algo para la gente; por lo poco que se ha leído la reforma es buena, no lo anhelado, pero un gran logro para el pueblo.
Lo paradójico es que los que hablaron del costo desmesurado de la reforma, aplauden ahora las demandas que los estados han interpuesto y que a la larga no darán fruto, pero si se pagarán con el dinero de nuestros impuestos. Más trabajo para los abogados, menos dinero para nosotros. Y una más. Hay mucho congresista hispano bravo porque no se incluyó a los indocumentados en la reforma. La pregunta es: si se va a tramitar una reforma migratoria para legalizar a los indocumentados ¿para qué incluirlos en la reforma de salud si no van a existir, o será que estos congresistas son de los que no quieren que pase la reforma migratoria?

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