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Publicado el 04-30-2010   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

La historia se repite

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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El 16 de diciembre de 2005, 239 congresistas aprobaron la propuesta conocida como HR 4437 promovida por el republicano James Sensenbrenner de Wisconsin. La famosa Ley Sensenbrenner convertía en criminales a los indocumentados residentes en el país y en cómplices a quienes los ayudaran o no los denunciaran.
Después de una aguerrida campaña de las organizaciones que protegen los derechos de los inmigrantes, esta propuesta no fue aprobada en el Senado. Lo que la comunidad debe agradecer a Sensenbrenner fue que logró despertarla y fue así que se empezó a debatir sobre la posibilidad real de hablar sobre una reforma inmigratoria.
La inmigración fue tema central del debate en las elecciones parlamentarias de 2006 y fue gracias a la HR4437 que la comunidad marchó por las calles de las principales ciudades del país buscando una solución integral al tema migratorio.
Hoy cuatro años y medio después una nueva iniciativa que recoge la esencia de la anterior, puede convertirse en el detonante que estábamos esperando para volver a poner el tema migratorio sobre el tapete.
Esta semana la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, firmó la ley más dura en la historia del país en contra de los inmigrantes, la SB1070, que criminaliza a los inmigrantes indocumentados en un estado con un 30 por ciento de hispanos y altísimo porcentaje de trabajadores sin documentos.
La SB1070 ha originado comentarios de diferentes sectores, desde el presidente Obama hasta los grupos defensores de los inmigrantes que la atacan, los grupos de antiinmigrantes y algunos habitantes del estado que la defienden.
Esta ley firmada el viernes es el producto de la desidia de Washington en hacer algo por solucionar el problema migratorio, es la respuesta de los estados al statuo quo en el que hemos vivido por años.
El presidente Obama no puede salir ahora a criticar cuando ni él ni su partido han movido un dedo para llevar el tema al Congreso o al Senado. Arizona está legislando por su cuenta porque no hay una ley federal que resuelva la situación y es muy probable que estados como Carolina del Norte y Georgia comience la discusión en los próximos días para introducir leyes similares que resuelvan, según ellos, el problema migratorio.
No podemos dejar a los estados una solución que debe ser nacional, no podemos dejar esto a congresos estatales que de acuerdo a la influencia de un partido u otro tomen decisiones que pueden ir en contra
de las políticas migratorias que son a todas luces un problema que debe ser resuelto en Washington.
Entendemos que la reforma de salud, los problemas económicos, han retrasado la agenda política del presidente, pero no hemos visto la voluntad ni de la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi, ni del presidente del Senado Harry Reid para liderar un proyecto de reforma inmigratoria.
No podemos culpar a los republicanos por aprobar en Arizona una ley antiinmigrante si en Washington los demócratas no han iniciado el debate. Hoy se pueden tener las mayorías, pero después de noviembre será muy difícil para el presidente adelantar una iniciativa porque seguramente los republicanos recuperarán escaños y muchos de ellos están abiertamente en contra de una reforma que de solución a millones de indocumentados que viven en este país.
Arizona por lo pronto tomó su decisión, que le costará dinero, que perderá mano de obra, eso no parece importarles, para ellos lo más importante es que están dando solución, “su solución” a un problema que los afecta.
Lo que nos queda es movilizarnos, hacer escuchar nuestra voz en contra de la medida y forzar a traer de nuevo a la mesa el proyecto de reforma para que se debata. Ya hay personas de nuestra área que están organizando marchas a Arizona para expresar nuestro descontento y hacerle ver a los políticos que no estamos de acuerdo con la medida. Sabemos que es muy difícil en un año electoral que los congresistas arriesguen sus curules ventilando un tema tan sensible y polémico, pero sabemos que si no se hace algo, la ley de Arizona será solo el comienzo de una avalancha de medidas estatales que irán cerrando el cerco a la inmigración, originando odio racial y sobre todo convirtiendo en pesadilla el sueño americano de muchos en este país.

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