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Publicado el 06-24-2010   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

Del Mundial y otros demonios

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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Aunque a estas alturas el Campeonato Mundial de fútbol no ha respondido a las expectativas, mundial es mundial y los partidos han acaparado la atención de nuestra comunidad. Parece que los problemas de la economía, el derrame en el Golfo y tantos otros inconvenientes cotidianos han quedado “congelados” como están quedando los televidentes al frente del televisor.
El Mundial cada 4 años logra lo que pocos eventos: despertar la pasión de todo un planeta. Yo creo que no hay ser humano que no sepa del campeonato, visto así sea un minuto de un partido o escuchado el Waka Waka de Shakira. El fútbol une a los pueblos, despierta el amor por su selección y es una excusa ideal para “escaparse” de la rutina, de esa rutina que le roba la vida a la gente.
Este año la calidad no ha sido la mejor y la decepción de algunas selecciones, el juego extremadamente táctico y poco generoso, nos ha puesto a pensar si de verdad 32 debería ser el número ideal de participantes. Desde 1998, los mundiales se juegan con 8 grupos de 4 selecciones cada uno y esto ha dado cabida a más participantes de regiones otrora apartadas de la élite global. Pero por lo general la cantidad pelea con la calidad y la oportunidad que se le da a selecciones que se eliminan con países que apenas saben jugar al fútbol, redunda en la participación de equipos mediocres que sirven solo de “relleno”.
Los patrocinios y las enormes sumas de dinero que el mundial genera ha llevado a este sistema de 32 equipos, pero la FIFA deberá cuidar más el nivel si quiere que los televidentes, cada vez más exigentes, se sigan enamorando del deporte rey. Igual pasa con los árbitros que han cometido muchos errores producto de la falta de experiencia. Hay algunos países con ligas de poca calidad y sus árbitros no están acostumbrados a los juegos de alta competencia para llegar ahora a dirigir un partido con los mejores jugadores del mundo en un torneo de mucha presión para ellos. Árbitros sin criterio, sin experiencia, que cometen errores garrafales, que dañan por completo el espectáculo.
Por ahora la FIFA debe meditar muchas cosas si quiere seguir con la audiencia del mundial, desde prohibir las famosas “vuvuzelas” que nos tienen mareados a todos, hasta revisar si vale la pena tener cantidad o calidad. Nosotros mientras tantos, estaremos “pegados” al televisor
para en un mundial que está hablando español y que esperamos se siga hablando hasta el día de la final.

Y si bien el mundial parecía ser el enemigo principal de las elecciones en Colombia, el candidato del partido de la U, Juan Manuel Santos alcanzó su victoria con la mayor votación en la historia de ese país. Santos, que pasó los 9 millones de votos, será a partir del 7 de agosto el nuevo mandatario de los colombianos elegido para continuar la obra de Álvaro Uribe. Su misión será unir a los colombianos que quedaron polarizados por 8 años de gobierno de Uribe y poder tener una identidad propia. Juan Manuel Santos no es la secuela del gobierno anterior, una especie de Uribe II como en el cine. Tiene que empezar por demostrar que es capaz de hacer su propio gobierno alejado del núcleo de poder cercano al presidente anterior.
Sin lugar a dudas, Juan Manuel Santos es un político de experiencia, muy preparado para el cargo, con una inclinación más económica que guerrerista y con las condiciones para convertirse en un buen mandatario, solo hay que dejarlo que haga eso, mandar y evitar que las “alianzas” políticas que lo llevaron a la presidencia lo aten de pies y manos para poder hacer un buen gobierno, que le devuelva la esperanza a Colombia y que en aras de la seguridad no le de paso a la barbarie.

Y si Uribe está preparando maletas, otro que deja su cargo como presidente es el de la British Petroleum. En condiciones normales, el despido de Tony Hayward hubiese sido terrible para él, pero en momentos como estos con tanta presión en cabeza del principal ejecutivo de la BP, es un alivio no tener semejante responsabilidad sobre sus hombros.
La salida de Hayward es como tirar la carne a los leones, es una medida de sacrificio que a la hora de la verdad nada representa en el complicado caso del derrame de petróleo en el Golfo de México. Lo que si debemos empezar a pensar es que el derrame no es sólo un problema de BP o del gobierno, es un problema de todos y que lo peor que podemos hacer es quedarnos cruzados de brazos, esperando que alguien más nos ayude. Este desastre ecológico y su prevención para evitar que llegue a nuestras costas debe ser una empresa de todos, de las ciudades, condados,
estados y el gobierno nacional. Ponernos a llorar o culpar a la BP o a Obama no soluciona nada. Lo que tenemos que hacer es fomentar soluciones como la que tuvimos la oportunidad de presentar la semana pasada del ingeniero Juan Garza. Este es el momento para la inventiva, para los emprendimientos, es el momento de fomentar las soluciones y no de alentar los problemas.

Por ahora seguiré viendo el mundial, yendo a la playa para disfrutarla y soñando que Colombia tenga la paz que merece después más de 60 años de violencia.

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