Este lunes se realizó el primer debate en español con candidatos a la gobernación en la historia de la Florida. Univision transmitió a través de sus estaciones de Miami, Orlando, Tampa, Fort Myers y Naples, la intervención de los dos aspirantes republicanos, Bill McCollum, el actual fiscal del estado y el empresario Rick Scott. McCollum, un veterano político de 66 años, abogado, congresista y fiscal general, conoce muy bien la política en Tallahassee. Por otra parte, Scott de 57 años, abogado, dedicado como empresario a la industria médica, quiere ser visto como una persona sin vínculos con la política tradicional. Luego de ver la intensa campaña en televisión llena de ataques y con una inversión millonaria en especial por parte de Scott, el debate prometía ser interesante, pero la verdad es que los 45 minutos que duró fueron una confirmación de que lo que habíamos visto en los anuncios de televisión, es exactamente lo único que estos candidatos pueden ofrecer. McCollum se dedicó a atacar a Scott por querer “comprar” la elección y haber dirigido la compañía Columbia Hospital Corporation, que a mediados de los años 90 fue sancionada por fraudes al Medicare por una suma cercana los $1.7 billones. Scott fue forzado a retirarse de la empresa y recibió beneficios de $300 millones según McCollum. Ante esta acusación, Rick Scott no la negó y simplemente dijo que a diferencia de los políticos él se hacía responsable de sus errores. Igual McCollum, desvió su respuesta al tema del uso de los aviones del estado para asuntos privados que mereció una investigación del comité de ética. Un debate con evasivas por parte de los dos candidatos, de ataques y descalificaciones que lo único que dejan es el mensaje que ninguno de los dos vale la pena salir elegido. Pero quizá lo que más me alteró esa noche fue ver el punto de vista de los dos en torno al problema de la inmigración. Los dos apoyan la llamada Ley de Arizona y estarían dispuestos a implementarla en la Florida. Scott cree que 700.000 trabajadores “ilegales” viven en el estado y están “quitándole” los trabajos a los americanos. Lamentablemente, los periodistas que participaron en el debate tampoco estuvieron a la altura y ninguno les preguntó qué trabajos consideran ellos son los que les están “robando” los inmigrantes indocumentados a los floridanos. Por su parte McCollum en un claro desconocimiento de la comunidad, cree que todos los hispanos del estado somos cubanos, que la ley de ajuste cubano es la solución al problema migratorio y que todos los cubanos que llegan al país son perseguidos por Fidel. Quizás esta es la realidad que sus amigos Díaz Balart y Ross-Lehtinen le han vendido, pero desconoce que en la Florida viven inmigrantes indocumentados de todas las nacionalidades, incluso no hispanos, que están acá sin una solución migratoria, que contribuyen a la economía del estado y que por años muchos de ellos han venido huyendo de la dictadura, de la peor dictadura de todas, el hambre y la falta de oportunidades. Este 24 de agosto se celebra la primaria republicana, yo no sé ustedes, pero yo no dejaría al estado en manos de un directivo de la codiciosa “Corporate America” que manejó una compañía que defraudó al Medicare y no asumió su responsabilidad o a un político veterano en todo sentido sin conocimiento de la realidad de lo que pasa en la Florida. Dos candidatos que quieren convertir al estado en el próximo Arizona, que han gastado sumas astronómicas para ganar esta primaria y que no han demostrado nada diferente a exhibir la suciedad del uno y del otro. Dios salve a nuestro estado de tener un gobernador como Scott o McCollum, porque después de verlos en el debate lo único que nos queda es rezar. Pero si por el lado republicano llueve, por el demócrata no escampa. En otro debate, este con los candidatos demócratas a la primaria para el senado en St. Pete, daba vergüenza ver al empresario Jeff Greene hablar sobre su viaje a Cuba en una misión humanitaria con un grupo judío, Greene se ha contradicho en varias oportunidades sobre el tema, al punto que su portavoz tuvo que salir en su defensa expresando que el candidato se había equivocado en un par de ocasiones durante el debate y dando otra versión que por supuesto nadie cree. Lo cierto es que Greene viajó a Cuba y al parecer lo hizo sin permiso, su yate estuvo anclado en la marina Hemingway por lo menos durante una semana y Greene no se acordaba, o este señor tiene un avanzado grado de alzhéimer o es un mentiroso compulsivo. A propósito ese es el mismo yate de 145 pies que causó daños en el arrecife de coral de Belice hace cinco años, un incidente que Greene dice desconocer, qué mala memoria. Este año como que estamos mal de candidatos. |
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