Después de 7 años, 5 meses, 11 días, de 4,400 soldados americanos muertos y miles de víctimas iraquíes, Estados Unidos formalmente anuncia el fin de su misión de combate en Irak. Desde la recién remodelada oficina Oval, el presidente Barack Obama anunció que hacía realidad una de sus promesas de campaña, traer a casa a nuestros soldados. Hoy, algo más de 7 años y después de tanta sangre derramada, no se sabe aún por qué entramos en una guerra absurda, casi demente, a perseguir a un enemigo imaginario acusándolo de tener armas que nunca se encontraron. La guerra de Irak ha sido uno de los errores más grandes en la historia de esta nación, un error que no solo dejó muertos, sino desprestigio. Por cuenta de esta guerra nos ganamos el odio de muchos en el mundo, por cuenta de esta guerra se violaron los derechos humanos, la convención de Ginebra, por cuenta de esta guerra se legalizó la tortura y lo peor, se sembraron semillas de odio que poco a poco están germinando y que tarde o temprano se volverán contra nosotros. Estados Unidos no sería el que es hoy si no hubiéramos entrado en este conflicto. La economía del país hubiera resistido la debacle de la crisis hipotecaria si el superávit no se hubiera gastado en la lucha contra un enemigo equivocado. Abu Ghraib, las tácticas de interrogatorios conocidas como “waterboarding”, los excesos y violaciones de los contratistas, son hechos que nunca hubiéramos querido que pasaran, pero ocurrieron y serán una mancha que así no queramos hablar de ello, existe en la historia de un país, adalid de la libertad y la justicia. Quizá sea la historia la que juzgue la invasión a Irak y a sus protagonistas, pero seremos nosotros los que tengamos que sufrir sus consecuencias. Ahora queda como tarea del gobierno continuar la ofensiva en Afganistán, el verdadero blanco que se descuidó por abrir otro frente de guerra y ayudar a estabilizar el gobierno iraquí que cada día que pasa hace pensar que la única forma de llevar tranquilidad a ese pueblo es buscando entre ellos un dictador que como Sadam Hussein, a base de miedo, neutralice las diferentes facciones del país. Hoy pese a las críticas, la verdadera guerra que Estados Unidos debe dar es contra los problemas que sufre la economía. El presidente Obama tiene claro que sus esfuerzos deben ser los de restablecer la confianza en el país, la inversión, la creación de trabajos y el fortalecimiento del sistema económico. Si la política depusiera sus intereses en pro de la estabilidad económica del país, ya hubiéramos salido de la crisis y no se estaría pensando en nuevas recesiones, pero con las elecciones a pocos meses, entre más mal le vaya a Estados Unidos, mejor les irá a ciertos políticos. Es una lástima que en lugar de buscar una unidad a favor de sacar adelante la economía, una de cada cuatro personas encuestadas piense que Barack Obama es musulmán, que su certificado de nacimiento es falso o que la decoración del salón Oval parece de hotel de segunda. Hay que ser honestos, pero la verdad es que muchas personas no quieren que a Obama le vaya bien porque no admiten que un afroamericano sea su presidente y critican todo lo que hace y ponen “palos en la rueda” para que le vaya mal, sin saber que cientos, miles, millones de personas estamos sufriendo por una posición tan egoísta. Se acabó una guerra, ahora queda pendiente otra más importante, la guerra contra el desempleo y la falta de confianza y en esa todos deberíamos estar peleando del mismo lado. |
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