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Publicado el 09-21-2010   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

México no es Colombia, pero…

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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Hace más de 20 años Colombia vivía la peor pesadilla de su historia reciente. A raíz del asesinato del ministro de Justicia en abril de 1984, Rodrigo Lara Bonilla, por parte del cartel de Medellín, el gobierno del entonces presidente Belisario Betancur decidió dos días más tarde, extraditar a colombianos para ser juzgados en el exterior por delitos cometidos en otros países.
Esta fue la declaración de guerra del gobierno contra el narcotráfico cuya campaña había sido “preferimos una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos”. La lucha contra el cartel de Medellín se intensificó y la reacción de los narcotraficantes fue la de atacar a la población indefensa con carros bomba que sembraron el miedo en el país y pusieron contra la pared al gobierno.
Colombia pagó con sangre la guerra contra los carteles, en especial contra los hombres de Pablo Escobar. El narcotráfico penetró lo más profundo de la policía, la justicia, la política y los estamentos de la vida nacional. Colombia empezó a vivir ante la amenaza de los narcoterroristas y la corrupción de su dinero.
Cuando la secretaria de Estado, Hillary Clinton, comparó a México con Colombia, estaba errada, no fueron grupos insurgentes los que sitiaron el país a base de miedo, fue la delincuencia organizada, pero ni la canciller mexicana, Patricia Espinosa, ni mucho menos el presidente Felipe Calderón están en lo cierto en desmentir a la señora Clinton en la semejanza de las dos situaciones, la que vivió Colombia y la que azota al país Azteca.
Para solucionar un problema, lo primero que hay que hacer es reconocerlo y el presidente Calderón no parece aceptarlo. Calderón en entrevista con María Elena Salinas dijo que, ninguna parte del territorio mexicano está controlada por los delincuentes como si lo estuvo Colombia; el presidente Calderón piensa que hace 20 años las FARC eran las que tenían en jaque a los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria, pero no, era el cartel de Medellín, como lo son el del Golfo, el de Tijuana, los Zetas y los demás actores del conflicto en México, delincuencia organizada igual o peor que la que tuvo Colombia.
Así como en Colombia había peligro de ir a determinadas poblaciones, así mismo lo está viviendo México y quizá con mayor violencia y más sanguinario. Ojalá que los carteles mexicanos no sigan usando el terrorismo para su causa porque fue ése el factor desequilibrante
en el país suramericano.
El presidente Calderón tiene razón en culpar a Estados Unidos por el consumo de drogas y el tráfico de armas, pero debe asumir su responsabilidad, la guerra contra los carteles no se está ganando, el narcotráfico ha corrompido la ya corrupta policía mexicana, ha penetrado la justicia y la administración, y no demora en seguir carcomiendo los diferentes sectores del país. Pretender quitar responsabilidades porque “La Barbie” nació en Estados Unidos, parece de un niño pequeño tratando de evadir sus culpas.
El presidente Calderón necesita un poco de humildad, informarse mejor, reconocer que está perdiendo la guerra contra los narcotraficantes y aprender de Colombia. Ya se vivió una experiencia en ese país, buena o mala, dio algunos resultados que acabaron con los dos grupos organizados que controlaban el narcotráfico. Colombia ya pagó su precio, México debe aprender en lugar de seguir pensando que las cosas en su país son mejores. Las matanzas en algunas ciudades del territorio mexicano dejan perplejo al mundo, la violencia sigue en aumento y los golpes contra los capos de la droga no son contundentes.
Colombia creó una fuerza élite, el Bloque de Búsqueda, una especie de fuerza especial incorruptible, que se dedicó a perseguir a los delincuentes, instauró la justicia sin rostro para proteger a los jueces, atacó las fuentes de financiación, el lavado de dinero e implementó el delito de enriquecimiento ilícito para juzgar a testaferros, cooperantes y a los propios narcos. Si bien el narcotráfico no se acabó en Colombia, los principales cabecillas fueron dados de baja, capturados o se entregaron a la justicia. Los carteles de Medellín, Cali y el Norte del Valle, desaparecieron y el gobierno nacional después de tres presidentes, miles de muertos, y millones de heridos, pudo derrotar a la delincuencia organizada.
El pecado de Colombia es el mismo que está cometiendo Calderón, en ese afán por ganar la guerra se olvidó de la gente y el país fue cayendo en manos más peligrosas, las de la guerrilla que se fortaleció de esa guerra y fue la verdadera ganadora de la misma.
México tiene mucho por aprender, pero para hacerlo su presidente debe aprender de la historia, de los errores cometidos por otros pueblos, solo así podrá enfrentarse a una organización delincuencial poderosa, una multinacional del crimen que no tiene miramientos. Mientras Felipe Calderón siga echándole la culpa a otros, muy poco van a cambiar las cosas
en el país vecino, porque como va, México no va a ser igual a Colombia hace 20 años, será peor.

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