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Publicado el 10-04-2010   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

Más allá del Dream Act

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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La semana pasada en el Senado fue derrotada la ley de presupuesto de defensa nacional que incluía la propuesta para la aprobación del DREAM ACT. Ese martes, 56 senadores, todos demócratas, votaron favorablemente por la medida, y 43 lo hicieron en contra, 40 de ellos republicanos −todos los de la bancada− con excepción del senador Murkowski que no votó, y los dos senadores demócratas de Arkansas, Pryor y Lincoln. Cabe anotar que uno de estos votos fue el del líder de la mayoría, el senador Harry Reid, que por procedimiento debía cambiar el voto si quería que la propuesta pudiera seguir viva.
Parece difícil entender que el país se haya polarizando tanto y que el voto partidista sea el que impere en Washington.
Nosotros elegimos a nuestros senadores para que nos representen, debería primar el interés nacional por encima del interés del partido. Si bien es cierto que los dos partidos políticos tienen fundamentos por los cuales han peleado y por los cuales muchas veces sus electores votan por ellos, no tiene lógica que el voto en bloque sea el que decida el futuro de la nación, sin pensar siquiera en los soldados que están dando la vida en Afganistán o Irak.
Esta vez, 42 senadores impidieron que más de 800.000 muchachos pudieran ver solucionado su futuro. Senadores como LeMieux de la Florida le dijeron no a los 63.000 jóvenes que se van a graduar este año y que por carecer de documentos no podrán asistir a la universidad. Quizás atacar la inmigración ilegal, llamar amnistía a todas las iniciativas para darle una solución a los 11 millones de inmigrantes, es la mejor manera de ganar votos, pero personalmente yo no dormiría tranquilo sabiendo que tengo que vender mi conciencia para ganar una elección.
Estados Unidos no puede ser una nación de dos puntos de vista, no puede seguir polarizado entre los “buenos” y los “malos”, sin saber a ciencia cierta quién de verdad es realmente el bueno. Aquí hay un partido a favor de los inmigrantes y uno en contra de ellos, uno a favor del aborto y otro en contra, uno a favor de la vida y otro en contra, pero no hay ninguno a favor del país, las dos opciones que existen están a favor de ellos mismos.
No es posible que todo evolucione, que hoy yo escriba un editorial en un computador
y no en una máquina de escribir, que el teléfono no sea igual al que que usábamos hace diez años, que los equipos de sonido quepan en un bolsillo. El mundo ha evolucionado, en muchos países los partidos políticos tradicionales han desaparecido, en México se acabó con una dictadura de partido de 70 años, pero acá en el país más democrático del mundo solo tenemos dos maneras de pensar, o es bueno o es malo según con la óptica del partido a que pertenezcamos.
El DREAM ACT, como la reforma migratoria no se aprueban porque están enmarcados en el rechazo de un grupo de derecha que impide que eso pase, el mismo partido republicano está “sitiado” dentro de sus filas por estos grupos radicales. Hay muchísimos republicanos, como también demócratas, que están cansados de tener que seguir los lineamientos de sus partidos y por eso han decidió no buscar su reelección este año. Igual los votantes que día a día se van desilusionando de cómo esta lucha partidista ha impedido que el país pueda salir adelante de la crisis económica. Estamos necesitando más opciones políticas que reflejen los cambios que tiene el país y que permitan discutir temas como el del DREAM ACT sin tener que obedecer a los intereses de su colectividad política.
Si tuviéramos un Congreso plural con más ideas, seguramente muchas iniciativas podrían ser aprobadas, pero mientras sigamos así será muy triste que los temas que se discutan estén pensados solamente en materia de votos.
Aquí no es qué nos conviene a los más de 300 millones que vivimos en Estados Unidos, aquí es qué le debemos decir a los votantes para ganar la elección y lamentablemente nuestra comunidad no tiene los votos que le permitan tener una voz que se haga escuchar.
Fue lamentable ver como se hundió el proyecto que le podía dar la oportunidad de estudiar a 63,000 jóvenes cada año, ahora habrá que esperar a que estos mismos senadores estén liberados de presiones después de las elecciones para ver si cambian de opinión y obran con justicia.
Por ahora, tocará seguir viendo cómo la política sigue destruyendo las ilusiones y los políticos siguen jugando con la comunidad hispana como si tratara de un balón de fútbol que va de un lado al otro aguantando golpes todo el tiempo.

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