Lo bonito de la democracia en este país es que puede expresarse en las urnas cada dos años y tomar sus propias decisiones. El martes el país habló, la mayoría de los americanos no están de acuerdo con las políticas del presidente y el partido de gobierno, y punto. La derrota demócrata no tiene ninguna otra explicación. Un partido con la mayoría absoluta en el Senado, con una mayoría cómoda en la casa de representantes y con el presidente de la nación, tenía todas las condiciones para poder conservar el poder merced a sus actuaciones. Cuando Obama ganó la presidencia hace dos años, se presagiaba para los republicanos un panorama sombrío para los próximos 12 ó 16 años. Se vaticinaba un cambio radical en el partido frente al ala más conservadora del mismo. Una modernización de sus estructuras. No sé si fue la debilidad de los demócratas, la falta de estrategia o que se durmieron en los laureles y se desconectaron de la gente, o fue la excelente estrategia de los republicanos como partido de oposición la que triunfó el martes. Los republicanos han paralizado al gobierno de Obama que le faltó carácter y decisión. El ala más conservadora motivada por el impulso que le dio el Tea Party que logró revitalizar al partido y contrario a lo que se pensaba que personajes moderados como el senador McCain, el ex gobernador Jeb Bush y el gobernador Tim Pawlenti se convertirían en los líderes del partido, fueron figuras como Rush Limbaugh, Sarah Palin, Glenn Beck y Newt Gingrich los que resucitaron a los republicanos después de la debacle del 2008. Los republicanos lograron vender su mensaje, lograron impedir que el presidente pudiera cumplir con sus promesas de campaña y convertirlo en el culpable de todos los males por los que atravesamos. Y ese mensaje fue el que se vio en las urnas el martes. Aquí no se votó necesariamente por un partido, se votó en contra de las políticas de Washington y en especial de la Casa Blanca. Muchas contiendas se ganaron no por ser un candidato mejor que el otro, se ganaron por ser un candidato que representaba un rechazo a la administración de Barack Obama. Los independientes se han convertido en la fuerza decisoria en este país, y si hace dos años apoyaron a Obama y de paso a los demócratas, en esta oportunidad le enviaron un mensaje claro al presidente. El pueblo habló, quiere un cambio de dirección y nos guste o no, el pueblo es el que manda. Lo positivo es que el partido de oposición tendrá ahora control de la Cámara de Representantes y el jueguito de oponerse a todo no les funcionará más, les tocará pasar a la acción y decidir si trabajan con el presidente en favor de este país o si se siguen oponiendo y dejar que Estados Unidos se siga desmoronando. En este momento, pasadas las elecciones, es cuando hay que pensar que debemos anteponer los intereses partidistas y trabajar unidos tanto demócratas como republicanos en pro del país. Hay que sacar adelante la economía, a las empresas y crear trabajos. Porque el hambre no tiene color político, porque la falta de oportunidades no tiene partido, porque todos los que vivimos acá debemos trabajar por la misma causa, la de defender, querer y hacer grande a los Estados Unidos de América. En la Florida ganó Rick Scott, y tocará acostumbrarnos a un gobierno diferente al de las dos últimas administraciones. Tanto Bush como Crist fueron gobernadores moderados. Con Scott, la política será diferente. Ojalá que nos equivoquemos y que se convierta en un líder que saque adelante la maltrecha economía del estado, pero para lo que debemos estar preparados en para ver la implementación de leyes más duras en contra de la inmigración ilegal. Con un gobernador dispuesto a impulsarla, un congreso estatal con una súper mayoría a favor de la medida, si hay interés político, en poco tiempo estaremos hablando de la Ley de Florida, tan fuerte o más que la de Arizona. Ese día sé que muchos de los que votaron por Scott se rasgarán las vestiduras y saldrán a protestar. Ese día tendrán que recordar que eso era lo que querían cuando lo escogieron como gobernador. Sobre Marco Rubio, no queda mucho que decir, ganó bien, muy bien diría yo. Es una figura brillante que se “vendió” a los intereses del Tea Party, pero es una realidad política y el martes sembró la primera semilla para convertirse en el candidato de mayor futuro entre los republicanos. Quizá no será presidenciable en dos años, pero ya empezó el camino y si lo hace bien tendrá muchas posibilidades. Rubio fue más claro que Crist y Meek en sus propuestas, así no lo compartamos, él sí logró divulgar su mensaje y fue consistente con el mismo. El problema es que el Tea Party es un movimiento antiinmigrantes, no antiilegales, no, para ellos es más peligroso un inmigrante con papeles que uno sin ellos. Así que el tema de inmigración será más duro en esta legislatura con varios candidatos apoyados por el Tea Party y más republicanos en las dos Cámaras. Tocará esperar que tan fiel sea Rubio a su base de electores. Lo que sí queda seguro es que no contaremos con su voto para una reforma migratoria, que por ahora, salvo un milagro, no tiene muchas posibilidades de tramitarse en los próximos dos años. |
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