La semana pasada el pueblo de Egipto le dijo al mundo que los cambios en un país los puede generar su propia gente. Sin violencia o por lo menos sin una violencia inducida, sin líderes o por lo menos sin cabezas visibles, sin presiones externas, los egipcios cambiaron en 18 días una represión de 30 años. Lo ocurrido en Egipto nos deja muchos mensajes, uno que no hay dictadores buenos, que Hosni Mubarack por amigo que haya sido de occidente sufría de la misma ansia de poder de otros dictadores que criticamos. Mubarack era un dictador y dictador que se respete pasa por encima de libertades elementales como el derecho de la gente a elegir. De izquierda, de derecha, de centro, socialistas, comunistas, capitalistas, militares o civiles, las dictaduras corrompen. Sabemos que hay pueblos que las necesitan, como lo vimos en Irak, pero no hay nada que haga más daño a un país que sus dirigentes se perpetúen en el poder porque por hacerlo pasan por encima de todo lo que se les atraviese y dejan a un lado la moral, la ética, que son reemplazadas por la ambición, la codicia y la corrupción. Para Estados Unidos el tema Mubarack no fue cosa fácil, era decidir entre ayudar a un dictador cuyo pueblo cansado del abuso quería sacar del puesto o apoyar a un amigo que ha sido fiel por tres décadas y cuya salida puede dar al traste con la estabilización de la región. El presidente Obama aunque cauto, le dio la espalda a Mubarack, a sabiendas de las consecuencias de esa decisión, pero era la única medida que podía tomar. La lección de Egipto ojalá la aprendan algunos de nuestros dirigentes, antes que sea el pueblo el que se decida a hacer los cambios. Cuba debe estar pensando que cinco décadas de poder deben evolucionar a medidas democráticas para darle participación a la gente. Hugo Chávez debe estar pensando que en las elecciones del próximo año no solo se jugará su futuro político sino que seguirá la huella de los dictadores y con ellos estará pesando sobre su cabeza el tener el mismo destino de todos. El mundo cambió, el acceso a la información, el poder de convocatoria de las redes sociales, hacen que hoy sea más fácil llevar a cabo una revolución pacífica con repercusiones globales. El poder ahora está en la gente y la gente debe saber que unida puede más que cualquier dictador, cualquier tiranía o cualquier poder. Si en la década de los años 70-80 vimos caer las dictaduras militares, ahora veremos caer las imperiales, las de reyezuelos, príncipes o dictadores de segunda que quedan en Asia, África y por qué no, en nuestro propio continente. Egipto le dio una lección al mundo, a los dictadores, a los países que los apoyan sean de derecha, de izquierda o de centro. La época de las dictaduras va a quedar en el pasado porque los pueblos en la era de Facebook, Twitter y YouTube, tienen la oportunidad de contarle al mundo lo que pasa a pesar de la represión informativa de regímenes autoritarios. Egipto hizo una revolución pacífica de 18 días, ya otros países musulmanes están pensando en iniciarla, solo falta que los países latinoamericanos decidan seguir sus pasos. Y la gran lección para nosotros como pueblo es que las dictaduras no son buenas, que no hay dictadores amigos o enemigos, que todos son iguales así sean nuestros aliados. No podemos exigir cambios en un lado del continente mientras en otro estamos apoyando lo mismo que criticamos. La despedida de los dictadores comenzó la semana pasada con Mubarack y ojalá que pronto veamos caer más por su propia cuenta o por cuenta de pueblos decididos a tener un futuro mejor. |
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