Los recientes escándalos de figuras públicas han puesto a reflexionar a más de uno sobre cuándo la vida de una persona pasa a ser del dominio de todos. Hace unos años, la muerte de la princesa Diana en medio del acoso de los paparazzi, encendió el debate. No puede uno decir que la Princesa de Gales, la Reina de Inglaterra, los nuevos Duques de Windsor, hayan pasado a ser figuras a las que hay que entrometerse en sus vidas, escudriñárselas, e ir hasta las frivolidades para alimentar el apetito morboso de lectores y televidentes. Ahora ni “Pippa”, la hermana de la nueva duquesa Catalina, tiene vida privada. A cuenta del matrimonio de su pariente vive “escoltada” por los fotógrafos. Hace unos años, a uno de estos “profesionales” lo encontraron regando vidrios en el jardín de la casa de Antonio Banderas para que Melanie, su esposa, si salía se cortara y pudiera cubrir “la exclusiva”. Los programas de “chismes” se reproducen como conejos en la televisión y no es más que ver los informes que nos llegan de México, donde vemos una “nube” de reporteros haciendo preguntas a veces estúpidas, solo con el ánimo de sacar de casillas al entrevistado, de hacer “caer” a la figura pública, de enemistar a compañeros. Ese mal entendido “periodismo” de farándula es el que se está apoderando de los espacios en los medios informativos. Por eso la pregunta es, hasta dónde nos debe interesar que Arnold Schwarzenegger le haya sido infiel a su mujer, si él no es el gobernador de California, y es simplemente un actor. Por qué hay que ir de cacería a buscar la información de su amante, a lograr la exclusiva de la foto del niño. Lo que hizo Schwarzenegger, no fue correcto, pero esa es una noticia suya y de su esposa, pero ahora hay que montar el show, tener a los “expertos” hablando sobre el monto del divorcio, investigadores buscando fotos de la mujer, pagando entrevistas a sus exmaridos, como si de verdad eso fuera de interés público. No sé a dónde queremos llegar. Todos los días estamos viendo escándalos, algunas veces pre fabricados por las agencias de relaciones públicas para ver a sus artistas en las primeras planas. Los actores, los políticos, los deportistas son figuras públicas y deben cuidar su comportamiento, pero a nadie se le da el derecho de inmiscuirse en la vida privada cuando la pública tiene claramente demarcado un límite. Los actores viven de sus fanáticos y a ellos les deben lo que son, pero ese hecho no les da derecho a los medios a meterse en sus vidas para satisfacer la curiosidad de los seguidores de los artistas. En el afán de vender periódicos, de ganar “rating”, nos hemos dado cuenta, que vale todo, hasta traicionar la ética profesional y alimentar a las audiencias con basura, porque eso al final es lo que son este tipo de noticias. El mundo se volvió “light” es más importante saber el nombre de la amante de Schwarzenegger, que el del pueblo que arrasó el tornado, debemos preocuparnos más por los deslices de Joan Sebastián, si el hijo era o no de Don Francisco o si las ‘pompis’ de Alejandra siguen llenas de silicona barata, que de las cosas verdaderamente importantes. Todos los medios del mundo dedicamos páginas, minutos, a las noticias de farándula para entretener a nuestras audiencias, pero la verdad es que día a día estamos formando lectores, televidentes, más preocupados en saber el tamaño de los senos de Ninel Conde que aprender a construir un mejor país. Schwarzenegger cometió un error, pero nosotros estamos cometiendo uno más grande gastando tinta hablando de las cosas superfluas y metiéndonos en la intimidad de las personas. |
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