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Publicado el 07-29-2011   enviar imprimir
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LUIS EDUARDO BARÓN

La lección de Noruega

LUIS EDUARDO BARÓN
Los matrimonios “diferentes”

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La semana pasada Noruega vivió la peor tragedia en su historia reciente. Un país tranquilo, alejado de problemas, perdió su inocencia. Así como septiembre 11 se convirtió en un hito para Estados Unidos, o el M11 para España o los atentados en Londres cambiaron en parte la vida de los británicos, el atentado del 22 de julio en Oslo se recordará por siempre en la mente de la población de uno de los mejores países para vivir hasta ahora.
Anders Behring Breivik, un noruego de 32 años cometió la peor masacre en su país, y lo que debemos es aprender de este hecho lamentable para evitar que cosas como estas pasen en nuestro territorio.
¿Qué pasó por la mente de un individuo para matar a 92 personas a sangre fría? Breivik, tiene un convencimiento político muy fuerte en contra del Islam y la inmigración y al parecer esa fue la causa principal de su ataque. Su extremismo lo llevó a acabar con la vida de jóvenes que militaban en un partido liberal como lo es el laborista y a atentar contra el gobierno del primer ministro Jens Stoltenberg.
Breivik en un manifiesto encontrado por la policía, mostró su simpatía por el movimiento Tea Party, y por el rechazo a la inmigración y la postura de este movimiento político. Y eso es lo que nos debe dejar esta lección de Noruega. No podemos seguir alimentando odio contra los inmigrantes o los musulmanes porque lo que se incuba es una reacción como la que se vivió en Noruega.
Los extremos son malos, igual de perjudicial es el extremismo liberal como el derechismo radical. Movimientos como el Tea Party que en un principio fueron de rechazo a la administración por el gasto desmesurado, se han convertido en albergue de personas con criterios extremos que quieren a toda costa acabar con la inmigración en este país, legal o ilegal. Si esta retórica sigue viviéndose, alentada por los comentaristas radiales y televisivos de línea conservadora, lo que estamos alimentando es el odio entre la gente y contribuyendo a que Dios no lo quiera un día tengamos en nuestro suelo un desquiciado como Anders Behring Breivik. Ya tuvimos uno, el que detonó la bomba en Oklahoma, y otros tantos que han realizado terrorismo interno, ahora tenemos que evitar otros casos y no seguir echando leña al fuego.
Los mensajes incendiarios en la época pre-electoral, más que votos lo que
logran es crear una imagen falsa de la situación y manipular a la gente con mentiras o verdades a medias sobre algunos hechos, y la inmigración es uno de los blancos más fuertes de esta retórica.
Por favor, no sembremos odio, podemos debatir nuestros puntos de vista, pero no seguir envenenando la mente de las personas con mentiras y exageraciones que lo único que logran es ir creando un sentimiento antiinmigrante que puede originar una desgracia.
El Tea Party ha sido un gran aporte a la política del país, pero a medida que han ido pasando los días, su leguaje se ha ido radicalizando y ha sido influenciado por líderes de posiciones muy extremas que han tergiversado su mensaje original de una política austera. Hay individuos de movimientos extremistas como los Minutemen y otros grupos de derecha que ven en el partido del Té la oportunidad de tener un acceso a la legislatura del país e influenciar en sus decisiones y están haciendo daño a la misma democracia.
Vivimos en un país donde podemos hablar y cada persona puede expresar sus opiniones libremente, pero debemos cuidar lo que decimos porque no sabemos el daño que pueden causar nuestras palabras.
La polarización política es muy grande, solo basta ver los comentarios que aparecen en los periódicos cuando se habla de temas como inmigración. Y la gran mayoría de estos comentarios no son constructivos sino por el contrario son comentarios de odio. Muchas personas están a favor de una solución para los indocumentados, otras están a favor de su deportación, y el debate debe ser buscar fórmulas para lograr una solución viable por parte del gobierno federal.
El asunto es que hay que llevar una propuesta al Congreso, una reforma a las leyes inmigratorias de este país, bien sea para legalizar a una parte de las personas que viven sin documentos y hayan cumplido ciertos requisitos o para deportar a los 11 millones de personas que viven y trabajan sin papeles. Cualquiera que sea la solución, hay que debatirla y votarla, pero lo peor que puede ocurrir es lo que está pasando ahora, que el debate se vea solamente en los foros de los periódicos o en los espacios radiales de la derecha con lenguaje incendiario.
Lo ocurrido en Noruega debe ser una voz de alerta, no podemos seguir alimentando odios antiinmigrantes en una nación de inmigrantes, lo que hay que hacer es dar el
debate en Washington y buscar una solución, cualquiera que sea, pero una solución para acabar de una vez este tema.

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