Al momento de escribir este editorial me encuentro en Colombia y sigo con atención los efectos económicos de la baja en la calificación de riesgo de los Estados Unidos y la volatilidad de los mercados bursátiles. Hace doce años cuando dejé este país, la situación política y económica era completamente diferente. Se venía de dos elecciones muy parejas, la de Samper-Pastrana y la de Pastrana-Serpa, el país estaba literalmente dividido y no había conversación que no terminara en una discusión política. La guerrilla y los paramilitares tenían sitiada a Colombia y se habló incluso de dividir el país en dos o tres y entregarle a los actores del conflicto una parte del territorio. Ya de hecho en el gobierno Pastrana la guerrilla tuvo por un tiempo control absoluto de una parte del país del tamaño de Suiza y algunos entendidos llegaron a asegurar que lo mejor era oficializar esa entrega, para poder lograr la anhelada paz. En materia económica la cosa no era mejor, las constantes tomas guerrilleras, los secuestros, habían ahuyentado a los inversionistas extranjeros y muchos locales nos fuimos del país en busca de una mejor vida para nuestros hijos. Esto aunado a una profunda crisis del sector de la construcción desató un efecto dominó que arrasó con la economía. Era común ver en las calles los letreros en las áreas comerciales, de ‘Se Arrienda’ o ‘Se Vende’ y surgió en la legislación una figura similar a la que conocemos en Estados Unidos como bancarrota. Hoy doce años después, Colombia es un país diferente, donde antes había áreas residenciales, hoy están plagadas de comercio, los centros comerciales viven completamente repletos de gente y su crecimiento ha sido de más del 500 por ciento. Ahora hay centros comerciales en todo el país, algunos de tamaños in imaginados. Importantes y reconocidas tiendas de la moda mundial tienen sucursales en las principales ciudades, los fabricantes de autos baten récords todos los años, hay el triple de hoteles que hace diez años, la gente viaja tanto local como fuera del país, la inversión extranjera ha aumentado a cifras in pensables hace una década y el nivel de vida de los colombianos es mucho mejor que el de algunos países del continente. Hoy el Renault 4 fue reemplazado por el Audi 3, la mayoría de la gente usa Blackberry, tiene televisor plasma en su casa. Puede que esto sea solo un espejismo, que los colombianos se estén endeudando, que la pobreza siga aumentando pero este cambio se traduce básicamente en una sola palabra, estabilidad, tanto política como de seguridad. ¿Qué o quién fue el responsable de este cambio? No es fácil aventurarse a una respuesta, pero gran parte de esta transformación se debe a Álvaro Uribe. Su llegada al poder devolvió la confianza tanto a los colombianos como a los inversionistas extranjeros. Su elección rompió esa polaridad que tenía paralizado al país y la gente empezó a trabajar con un solo propósito, Colombia. Uribe con su combate a la guerrilla devolvió la seguridad a la población y permitió con ello el progreso económico, volvió la fe y con ella se volvió a creer en Colombia, se despertó un nacionalismo y un amor por la patria que antes se había perdido y ese fue el principio del cambio que tiene a este país como uno de los más pujantes y de mayor desarrollo. La crisis mundial no afectó a varias economías de la región y Colombia ha sido una de ellas. Uribe pudo tener sus fallas, de hecho hoy en día su gobierno está bajo la mira de la justicia, pero Uribe devolvió la fe y la confianza en Colombia y eso vale más que los escándalos que han salpicado su gobierno en los últimos días. ¿Qué lección podemos sacar de esta experiencia colombiana? Hoy en día las fuerzas políticas del país son diferentes a las que tuvimos en los años de la crisis. El panorama político es completamente diferente, los partidos tradicionales, Conservador y Liberal, no son más partidos hegemónicos, hay partidos que hace diez años no existían. El de la U en el poder, el Polo Democrático que tiene la alcaldía de Bogotá, Cambio Radical cuyo líder es el ministro del Interior, el Partido Verde que tiene el candidato más fuerte para ocupar la alcaldía de la capital en las próximas elecciones de octubre y otros movimientos pequeños con gran penetración popular. Ya las épocas del Frente Nacional una figura que alternaba en el poder a liberales y conservadores por acuerdo, no existe, la pluralidad política ha logrado que el país tenga una dinámica y que esa polaridad de antaño ya ni se recuerde. A Estados Unidos le está ocurriendo lo que le pasó a Colombia hace unos años, que la política paralizó al país y no nos estamos dando cuenta del peligro del bipartidismo, hasta que no caigamos en una crisis peor. Ojalá que llegue al poder una figura que les devuelva la confianza a los norteamericanos y a los inversionistas, y que esta nación se modernice y permita la aparición de nuevos partidos. Creo que de las crisis deben salir soluciones, pero lo único que no podemos dejar que pase es que las cosas sigan igual, que no se tomen medidas para prevenir crisis peores. |
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