La semana pasada tras la muerte de Muamar el Gadafi se conocieron los videos de los últimos minutos en la vida del dictador libio. Nadie justifica 42 años de tiranía, de abusos, asesinatos, violaciones, que se le atribuyen a Gadafi, pero el poco respeto por la vida que demostraron los rebeldes libios y peor aún la falta de respeto por su muerte, nos hace pensar que el futuro en ese país no será mejor que el que tuvieron que vivir bajo el yugo del Coronel. Gadafi no respetó las normas del derecho humanitario, pero sus captores tampoco lo hicieron, y los últimos minutos del dictador han sido los más gráficos que hemos podido ver sobre el poco respeto que se tiene por la dignidad y la vida de un ser humano. Respeto al pueblo libio, comprendo su sufrimiento, comprendo sus valores religiosos, pero el asesinato de Gadafi es tan o más condenable que los mismos abusos del dictador. Y digo más porque hacer de una muerte un espectáculo sobrepasa cualquier rencor o deseo de venganza. El pueblo libio demostró mucho primitivismo, falta de cultura y un total desapego por el significado de la vida y de la muerte, violando incluso preceptos de la misma religión musulmana. Ver a los niños tomándose fotos con el cadáver, ver a la gente pegándole a un muerto, y peor aún ver cómo fue muerto Gadafi después de ser herido, sodomizado y torturado, pone a los rebeldes en el mismo plano del que quieren condenar. Es muy triste que las voces de protesta no se hayan escuchado de parte de algunos gobernantes como el nuestro. Esto no es por justificar lo que hizo el dictador libio, es porque no se puede apoyar a un pueblo que no respeta los derechos de un prisionero usando el mismo argumento por el cual están luchando. La iglesia católica en Libia se pronunció con un lacónico comunicado y simplemente con el comentario que entendía la rabia del pueblo. El presidente Obama como si no fuera con él, y solamente fueron los amigos del dictador, como el primer ministro Vladimir Putin, los que hablaron del tema, como si el respeto a la vida solo lo valoraran los vencidos y no los vencedores. Nunca en mi vida, ni por más muertes que vimos en la televisión en Colombia o las que hemos visto en la lucha contra el narcotráfico en México, habíamos visto este tipo de escenas que nos han insensibilizado ante la muerte. Aquí no se trata de apoyar a un dictador ni de justificar a los rebeldes, se trata es de defender la dignidad de un prisionero y el respeto a la vida de los vencidos. No hacerlo es tanto como justificar las muertes bajo los mandatos de Fidel Castro o de José Stalin, o bajo las de cualquier revolución; aquí no hay dictadores buenos, como tampoco hay matanzas buenas o violaciones de derechos humanos justificadas. El Comité de Transición que mintió sobre las circunstancias de la muerte de Gadafi debe ser condenado y el mundo debe estar vigilante con lo que pasa en Libia, porque no puede ser que ayudemos a tumbar un dictador que asesinaba a su pueblo para apoyar a un grupo que está haciendo lo mismo con sus contradictores. No podemos apoyar el crimen ni las violaciones de los derechos humanos, porque hacerlo sería como darles patente de corso a los rebeldes de cualquier revolución para que hagan justicia por sus propias manos. Si queremos seguir teniendo la autoridad moral de condenar a violadores de los derechos humanos en Cuba, en China, Corea del Norte y tantos otros sitios, no podemos hacernos los de la vista gorda con el caso Libia. Ayer fui a la playa para ver si me encontraba una ficha gigante de Lego como la que apareció en Siesta Beach la semana pasada. Ego #8, como parece se llama este hombre Lego de 8 pies de alto, está detenido como cualquier inmigrante ilegal por llegar al país sin documentos, pero eso sí, no será deportado a México sino que pasará a ser la atracción en algún museo, juguetería, parque de diversiones o en el jardín de una casa. Por lo menos va a correr mejor suerte que muchos indocumentados en este país. Espero que el Departamento de Seguridad Nacional no se entere porque de seguro terminará en un avión rumbo a Holanda, cumpliendo las normas del programa Comunidades Seguras. |
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