Esta semana se revivió el debate sobre la legalización de las drogas. Varios países han hablado sobre este tema en el pasado, incluso en México afectado por la violencia de los grupos narcotraficantes se ha despertado el debate. La fiscal colombiana Vivian Morales, se mostró partidaria de que se abra la discusión y dijo que su país “debe tener valentía y dignidad ante una posible legalización”. El tema de la droga es un tema de doble vía, los productores y los consumidores. Muchas veces lo hemos escuchado desde una sola posición, la de los países que se afectan por el contrabando y la comercialización ilegal de los estupefacientes. ¿La razón? Esos países son los mayores consumidores y en un mercado de oferta y demanda, desde luego gana la demanda. Mejor dicho si existe el tráfico ilegal es básicamente porque existe el consumo, así de sencillo. Ningún padre puede decir que a sus pobres hijitos les “meten la droga en la nariz” y son obligados a consumirla. Hay consumo y eso hay que reconocerlo, como también hay que reconocer que las autoridades son permisivas con ese consumo y con el tráfico al menudeo. La comercialización de la droga en países como este no es perseguida con esmero y se deja el trabajo a los países productores para que sean ellos los que pongan los muertos y acaben con el problema. Pero ya lo vimos en Colombia, un país que se desangró en una guerra contra los carteles y logró desmantelarlos, pero no logró acabar el negocio, simplemente mover las bases de operaciones a otros territorios como es el caso de México. Y el país azteca hará lo mismo, sacrificará su población en la lucha contra los sanguinarios carteles mexicanos y en unos años veremos cómo el tráfico se realizará desde Honduras o El Salvador, o Bermuda o porque no Canadá. El problema no solo es la producción o el cultivo, todos debemos entender que mientras no controlemos el consumo nunca acabaremos el narcotráfico en el mundo. Por eso pensar en legalizar la droga no es una solución, puede que arregle el problema en los países productores, pero la legalización no va a controlar el consumo. El grupo LEAP, Law Enforcement Against Prohibition, del que hace parte el billonario británico Sir Richard Branson ha venido hablando ante Naciones Unidas buscando un acuerdo para legalizar y permitir el uso controlado de drogas y su venta en farmacias con prescripción médica. La idea de Branson de que sus nietos no sean juzgados por consumir sustancias alucinógenas, puede ser romántica, pero no estamos hablando de la prohibición del alcohol o la marihuana, en esta categoría caen sustancias como el crack, la heroína, los ácidos, metanfetaminas y drogas de laboratorio que son mucho más peligrosas y letales. La despenalización es un campanazo para los países que consumen y que no estamos haciendo nada para evitarlo. Un día los parias países productores van a legalizarla para acabar con la violencia que este tráfico ilegal genera y las autoridades de Estados Unidos y otros países europeos, tendrán que dar una respuesta al problema. Si no nos preocupamos por el problema aquí, los otros países se ocuparán del suyo y terminarán legalizando. Hay mucho dinero en juego, mucha corrupción, que es la que evita tomar medidas para atacar ese flagelo de la droga, pero si no lo combatimos en casa, tendremos que ver cómo los países que se están desangrando para erradicarlo, van a terminar optando por la solución más conveniente para ellos, regular el tráfico y controlar la producción. Nosotros debemos enseñarles a nuestros hijos que cada gramo que se consume aquí deja muerte y destrucción en otras latitudes y que la lucha así como se da en Tijuana o Ciudad Juárez, en las selvas de Colombia, Bolivia o Perú, también debe darse en las calles de Nueva York, Los Angeles, Chicago y en nuestro propio vecindario. Ojalá que la solución no sea la legalización y que nos podamos dar cuenta a tiempo que lo mejor es la prevención, la educación y la ley en nuestras propias calles. |
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