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Publicado el 01-29-2010   enviar imprimir
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MARIA DEL PILAR  ORTIZ

Expresar lo que sentimos

MARIA DEL PILAR ORTIZ
Asociación de Mujeres Hispanas

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Cientos de escritos, ensayos, estudios e investigaciones, ¿por qué será tan díficil decir lo que pensamos o aún peor, lo que sentimos? No es culpa de nadie. Si no se aprendió en la casa, cuesta mucho más expresarlo porque simplemente no sabemos cómo hacerlo… Conozco a una joven que sufría -casi literalmente- de “un ataque de nervios” cuando quería expresarle su cariño a los suegros. Les llevaba un regalo o unas galletas sin problema, pero era incapaz de decirles lo que de verdad pensaba o sentía. Nunca le inculcaron la importancia de expresar con palabras, por eso se sentía tan incómoda frente a ese tipo de situaciones. Piensa qué tan fácil es para ti decir “te quiero”, “eres importante”, “gracias”, “estoy cansada de” …

¡Decir lo que sentimos es como liberarse! Es estrechar un vínculo irremplazable con el otro. Siempre pensé que perdonar o decir lo siento eran dos de las acciones más complicadas para el ser humano en general. Pero me he sorprendido al descubrir que para muchos es aún más díficil decir “te quiero”, “te necesito”, “agradezco tu ayuda”… Creo que hay hasta escasez de “te quieros” por el mundo…

Un día en una sala de espera un señor leía un artículo –me imagino que sobre ese tema- cuando espontanéamente me preguntó “¿y usted le dice ‘te quiero’ a su hermano/a? Porque… -continuó- “le confieso que yo no. Me cuesta decirle ‘te quiero’ hasta a mi mamá…”, dijo. Confieso que me sorprendió porque para mí, la respuesta era obvia. ¿Acaso hay gente que no lo hace? Pensé. Nunca había reflexionado sobre esa posibilidad.

La buena comunicación nace en el núcleo familiar. Esta generación no sabe lo que es escribir o recibir una carta. Las tarjetas de Hallmark son divinas pero acabaron con nuestra imaginación. Escribir solo mensajes electrónicos o de texto como TQM, TVO, o I LKU, es impersonal. Es como en piloto automático y prácticamente no se necesita ‘ni sentir’…

Es la excepción la familia que todavía se sienta alrededor de la mesa a compartir diariamente. Sin distracciones. Sin televisor. Sin celular. Sin mensajes. Sin ninguna interrupción. Como quien dice regalarse una hora al día para hablar -entre otros temas- de lo que sentimos. Y es que sin interacción, ¿cómo los niños y jóvenes van a aprender a decir de manera natural “te quiero”, “te extraño”, “eso no
me gusta” o “me molesta tal cosa”?…

Esta semana salió al mercado un libro con una recopilación sobre la vida del Papa Juan Pablo II. Entre discursos y escritos inéditos, uno que hizo después de perdonar a quien intentó asesinarlo: “el acto de perdonar es fundamental y es la primera condición para no estar divididos y enfrentados unos a otros como enemigos…”. Él perdonó, pero más allá de eso no sólo lo sintió y lo dijo. Fue capaz de decírselo -frente a frente- al hombre que intentó quitarle la vida a tiros.

Lo más díficil no es ‘el otro’, es ‘el yo’. El reto es sobrepasar nuestro propio temor y la autocrítica. Cuando un adicto al alcohol o a la droga se quiere recuperar necesita dedicación, disciplina, tiempo y valor. Como parte de su rehabilitación debe ‘enfrentarse’ tanto a sí mismo como a quienes ofendió o ha hecho sufrir.

No nos han educado para expresar lo que sentimos. Ni con la pareja, ni en la familia, ni en el trabajo, ni con los amigos. Muy pocos son capaces de mirarte a los ojos y decirte, sin tímidez o temor, lo que sienten. No pequemos por asumir que el otro “ya lo sabe”. Quizás así como él o ella necesitan oírlo, a nosotros nos haría muy bien decirlo.

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