De vez en cuando no nos queda más remedio que hacernos los sordos o los ciegos. No sé si reírme o llorar; si defender los derechos humanos o apoyar campañas contra la obesidad. ¿Hasta dónde llegar tras un Tweet*? *(Tweet es el comentario de hasta 140 caracteres que se hace dentro de la red de Internet que lleva el nombre de Twitter). De una, Juanes se ganó enemigos. Smith hasta insultos. Los dos consiguieron también nuevos defensores. Durante el fin de semana al director de cine, Kevin Smith le dijeron en un vuelo de Southwest que tenía que bajarse del avión por la seguridad y la comodidad de los demás pasajeros. Smith podrá estar gordo -no sé si tanto para tener que pagar por dos sillas como lo exige la política de esa aerolínea- pero al parecer ha viajado muchas veces sin problemas. Él se bajó del avión y de inmediato hizo pública su humillación a través de Twitter. La disculpa de la aerolínea llegó cuando ya los comentarios se habían regado como pólvora. Tweet o no tweet parece ser ahora el dilema. ¿Callar o teclear? Las redes sociales y los canales de video por Internet son inmediatos y poderosos; frenar ese impulso es literalmente imposible. En tiempo real -antes de que sus padres recibieran con piedad la trágica noticia- vimos cómo el deportista de la República de Georgia de 21 años se accidentó justo antes de la inauguración de los Olímpicos de Invierno. Una cosa es presenciar el accidente en vivo y en directo, pero otra muy diferente es que en segundos y sin tener una confirmación oficial del deceso ya el mundo comentara, opinara e intercambiara imágenes y pensamientos sobre su muerte. Sin editar. Sin filtros. Sin censura. Sin medida. Últimamente vemos y oímos más de lo que queremos. También decimos más de lo que debemos. Los periodistas nos acostumbramos a medir las palabras y los hechos pero y ¿el resto…? A nadie le importa si quieres o no estar expuesto. Si estás levantando falso testimonio o insultando. Y lo peor es que en la mayoría de los casos -así queramos- no podemos ‘desconectarnos’ a tiempo. Entonces, ¿cuál es el límite? Teclear (el nuevo hablar) debe implicar pensar. Muchos lo hacen como ‘escupiendo’ pensamientos y entre más rápido mejor. Como recuperar lo dicho es imposible debería dictarse una nueva clase sobre los límites y los alcances de la Internet, las redes sociales, los blogs, los chats… Simple Responsabilidad Social ahora que este fenómeno llega con más información -cruda y gráfica- de la que podemos digerir. ¿Dónde está Carreño y la versión moderna de una “Urbanidad Online” para esta nueva dimensión de opinar cuando no te ven la cara? La dimensión de ‘dices lo que quieras’, ‘dicen lo que quieren’, ‘ves aunque no quieras’… También durante el fin de semana un Tweet del cantante Juanes levantó polvareda entre defensores de uno, fanáticos de otro y radicales de los dos lados, por un chiste –el del PIN del teléfono de Hugo Chávez- que me imagino hasta el mismo presidente venezolano se debe saber de memoria porque no es ni un cuento nuevo. ¡Por favor…! Es imposible callarle la boca al mundo y la tecnología nos lleva a millón por segundo. Se alcanza una velocidad desmedida que sólo nosotros podemos controlar. Se opina en tiempo real. Se contesta de inmediato. Es público. Millones en Twitter (y demás opciones…) seguirán diciendo lo que les venga en gana mientras hay mil temas que ameritan más nuestra atención y nuestra energía. Dos de cada tres personas en Estados Unidos son obesas y tendrían que comprar dos pasajes para viajar. Las aerolíneas siguen reduciendo los espacios no por seguridad sino por rentabilidad. Se ha vuelto muy peligroso pensar diferente al otro. Este nuevo curriculum debería incluir ‘Buenas Maneras Cibernéticas’, ‘Nutrición vs. Obesidad para niños’, ‘Prudencia Parcera’ y ‘Sordera selectiva’. No hay duda de que la Internet y sus alternativas son una maravilla moderna, pero ante este bombardeo de información y de opiniones tomémonos un segundo para diferenciar entre lo serio y lo banal, el chiste y la ofensa, el respeto y el abuso. Al menos volvamos al principio básico de pensar antes de hablar (de teclear). |
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