Podemos entenderlo en un abrir y cerrar de ojos, pero también nos puede tomar muchísimo tiempo descubrir que ‘no hay mal que por bien no venga’. Para los seres humanos no siempre es fácil soltar las riendas y entregar el control. Mucho menos entender -sin dudas e interrogatorios- por qué es que pasan ciertas cosas. Si dependiera exclusivamente de nosotros a lo mejor poco arriesgaríamos. Quizás no nos esforzaríamos por cambiar rutinas cómodas, quisiéramos siempre ganar, no dejaríamos por nada del mundo un buen trabajo, y menos nos expondríamos al sufrimiento ni por enfermedad, ni por la pérdida de un ser querido. Con contadas excepciones, trataríamos de mantener todo como está, de controlar lo que ocurre alrededor y de hacer las cosas a nuestra manera. Entender el lado positivo de situaciones aparentemente adversas es una prueba poderosa que Dios nos pone al frente. Este mes de marzo que acaba de terminar me sorprendió con excelentes noticias. De una forma única y especial entendí –a su propio ritmo y no al afanado paso mío- que el plan perfecto de Dios funciona con una lógica propia. Mientras pongamos ‘nuestro granito de arena’, el resto se va dando. En lo personal, en lo profesional, en lo espiritual, en lo económico. ¡Claro, ahora veo que todo tiene su razón de ser y puedo dar gracias! Qué feliz estoy… Seguro que habría perdido mi propia apuesta... A Dios hay que dejarlo actuar a su manera. Entender eso, nos permite liberarnos de preocupaciones que nublan nuestros pensamientos. Confiar en ese ser superior facilita el proceso y aligera la carga. Sea porque el trabajo que queríamos no resultó o porque la casa de los sueños se resbala de las manos. Lo que en su momento creímos terrible, injusto y triste adquiere otra dimensión. Ese alguien superior conoce mejor que nadie nuestras debilidades y necesidades. Mi consejo es dejar que Dios ejecute su proyecto de vida tal y como lo tiene planeado para nosotros. Una vez tomadas nuestras propias decisiones, sólo queda esperar. Por mucha fuerza que hagamos ‘la corriente del río no cambia de dirección’, entonces es mejor entregar nuestras preocupaciones a Dios, que a Él le gusta encontrar salidas. Dios es Dios y no tiene sentido desgastarnos. Hoy puedo decir convencida que todo ‘pasa por una razón’ y el día de sonreír llega. Ni te afanes por buscar el plan, porque él nos encuentra. Podemos ser fuertes, sensibles, tercos, inteligentes, impacientes, tímidos, extrovertidos... pero eso sí absolutamente perfectos. Escríbeme a pilar@7dias.us |
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