> “Estaba un poco pálido, pero definitivamente estaba vivo”, dice convencida la mujer. Sin más ni menos eso respondió de manera certera justo cuando le confirmaron que efectivamente su esposo, el hombre de 91 años que ella misma empujaba hábilmente en una silla de ruedas y a quien le había comprado un pasaje para abordar ese vuelo de Liverpool a Alemania estaba muerto. Había dejado de existir incluso antes de cubrirlo con una cobija y de ponerle un par de anteojos oscuros para que supuestamente no se “despertara”. > “No me extraña ni me sorprende que haya muerto. Al fin y al cabo él era un hombre viejo, tenía 91 años. Esa es la ley de la vida y por eso queríamos llevarlo a Alemania. Su sueño era morir allá”, dijo la hijastra. Lo que pasa señora, es que el hombre en cuestión, el mismo que usted lleva en esa silla de ruedas y que ha empujado todo el día hasta llegar a este aeropuerto, está muerto desde ayer. > “No puede ser. Él estaba moviéndose y respirando cuando salimos de casa. Incluso ocho personas lo vieron vivo…”. Entre ellos un taxista quien llevo a la esposa, mejor dicho a la viuda, bueno a una señora de 66 años y a su hija (hijastra del hombre muerto) de 41 años hasta el terminal aéreo. Ese conductor no vio nada raro en el trayecto pero los empleados de la aerolínea de inmediato sospecharon que algo en esta historia no tenía ningún sentido. El pasajero estaba muerto, no cabía la menor duda. Se puede catalogar en el género de terror o quizás más como tragicomedia al estilo Lope de Vega. No es un libreto original porque algunos recordarán tramas como el de la comedia “Weekend at Bernie’s” en donde dos empleados de una compañía de seguros pasan todo un fin de semana pretendiendo que se divierten de lo lindo con el dueño de la casa de la playa –Bernie- cuando en realidad lo encontraron muerto y no lo reportaron. En el caso de Liverpool, los primeros indicios no despiertan sospecha de homicidio. Todo indica que este hombre habría muerto de causas naturales en su casa de Manchester el Viernes Santo y que al parecer la única razón para llevar a cabo el plan, era ahorrar dinero en el traslado. Cosa patética. La versión que tiene más peso indica que las mujeres no reportaron la muerte de Curt Will Jarant para no tener que pagar los $6000 euros que aproximadamente cuesta transportar un cuerpo sin vida en la bodega de carga como lo ordena la ley aeronáutica. Estaba completamente inmóvil, relataban los empleados. Las mujeres insistían en que “él estaba profundamente dormido…”. Un sueño que les significó cargos por no reportar el deceso. El hombre por fin descansa en paz. Ellas tendrán que presentarse ante el juez en junio. > “Es ridículo que piensen que cargamos 24 horas a una persona muerta. El estaba respirando”, insistían. Lo veo y no lo creo. ¡Vaya imaginación! ¿A quién se le va a ocurrir semejante aberración...? ¿Y por ahorrar dinero? Cualquiera queda bien frío y de “una sola pieza” al ver hasta dónde son capaces de llegar los más vivos del planeta... |
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