No votar sería casi una bofetada. Para uno mismo, para el país y –sobre todo- para quienes no gozan de esa libertad en sus países. Ser partícipe de la democracia y ejercer este derecho sin restricción -aun cuando decidir no sea fácil- implica un juego de muchos factores. Los de adentro. Los de afuera. Los propios. Los ajenos. Dicen por ahí que “toda escoba nueva barre bien” y de igual forma, toda campaña -a días de la elección-, es pluralista, de unidad y convenientemente prudente (hablar de subir impuestos puede quitar votos). Los candidatos miden sus palabras y hacen firmes promesas dentro de cuerpos, manos y voces muy bien entrenados frente a las cámaras. Decir lo que la gente quiere oír es un arte demagógico en el que la meta es ganar sin importar que el viento arrase esas buenas ideas prácticamente el mismo día de la posesión. En el papel todas las propuestas son llamativas pero si al menos un 50 por ciento se pusiera en práctica, las palabras ‘DESARROLLO Y PAZ’ harían pronto parte de los titulares de prensa. Se supone que debe haber algo para todos los gustos. En mi familia, se respeta la opinión de cada uno y por estos días defendemos tres diferentes proyectos y colores políticos. Me queda pensar que aunque pequemos de ingenuos, aunque no creamos en todo lo que dicen, aunque sepamos de antemano que incumplirán parte de sus compromisos y aunque pensemos que un voto no hace la diferencia, debemos participar. Colombia -según encuestas especializadas- no elegirá en primera vuelta a su próximo presidente. Entonces el 30 de mayo votemos por el candidato que más nos guste y con el que nos identifiquemos. Abstenerse no es una opción y desaprovechar esta garantía es un gravísimo error con sabor casi a pecado. Vamos un paso adelante. No nos dejemos llevar por guiños oportunistas, por olas de moda, por amenazas de gobernantes vecinos, por peleas, contradicciones, rectificaciones, miedos. Ni por debates vacíos y sonsos, ni por columnas periodísticas llenas de odio, ni por la fanaticada cibernética. Los cambios de fondo son posibles sin amenazar ni al huevo, ni a la gallina, pero tampoco –en mi opinión- votando en blanco. Estudiemos las propuestas, lejos de comentarios, ataques o rumores. Votemos por el candidato que más se acerque -por sus iniciativas, su capacidad, sus habilidades y su personalidad- a ese ideal de país que soñamos con tener. Apoyemos con nuestro voto a quien consideremos que nos representa como ciudadanos y como país. Un año Se cumple un año de la triste y temprana partida de María Esther Carrillo, y familiares y amigos recordamos su dedicación y entrega. Conmemoramos esta fecha, con un evento lleno de juventud y entusiasmo para mantener vivo su legado en pro de la educación y las raíces culturales y para recaudar fondos que permitan a niños y jóvenes hispanos de nuestra área participar en programas de educación cultural y liderazgo en los meses por venir. La VJHT (Voz Juvenil Hispana de Tampa) invita a recordar la labor de esta líder, fuente de inspiración y trabajo. Este viernes 28 de mayo en la Universidad de Tampa se lleva a cabo una cena para rendirle homenaje a quien hasta el último día defendió la enseñanza y la identidad cultural, dos de esos temas poco ‘comerciales’, por los que se trabaja por convicción y hasta con las uñas. Temas a los que casi nadie les apuesta pero que bien administrados pueden hasta mover montañas… La boleta para atender o apoyar esta noble causa tiene un valor de U$65 y se puede comprar contactando a Liliana Carrillo al teléfono 813-294-4822. De antemano se agradecen las donaciones a nombre de TICH Inc. (Taller Intercultural Hispanoamericano). Escríbeme tus comentarios a: pilar@7dias.us |
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