Tristeza. Hay palabras de mucho más calibre pero ni ánimo tengo de buscarlas o enumerarlas. ¡Qué más da! Veo esas imágenes y literalmente no puedo ni pensar con claridad. Pasan tantas ideas por mi mente y me siento tan impotente que mejor lo dejo en tristeza, una palabra profunda, con matices oscuros, lenta, inesperada, que no sabemos hasta cuando tendremos que soportar y mucho menos si sanará por completo. En este golfo de incertidumbres cabrían miles de calificativos, pero a estas alturas sólo espero que alguien detenga ¡semejante catástrofe! Está bien que un responsable pague por los daños (como si los verdaderos daños tuvieran precio…), que las víctimas reciban ayuda y que se inviertan millones para recuperar el hábitat natural de peces, aves y reptiles. Pero… por favor encuentren una solución para “cerrar el chorro”. Se estima que por día 2.5 millones de galones de crudo invaden con su fuerza insostenible el Golfo de México. Una pesadilla que sobrepasa 60 días en medio de dis-culpas, ensayos y errores. Hasta ahora han salido con un ‘chorro de babas’ porque solución real al problema no se vislumbra… El hombre ha llegado a la luna, se producen animales a semejanza de otros, se pretende clonar células humanas en laboratorio, volamos a la velocidad del sonido, se construyen torres, edificios y puentes en islas hechas por el ser humano −robándole espacio al mar− o en la mitad de la nada. Somos capaces de muchísimas cosas pero no somos dioses aunque algunos se crean o quieran serlo. Dice el presidente que los responsables de BP tendrán que pagar por todos los daños (imposible hacer el cálculo). En principio anunciaron 20 mil millones de dólares para las víctimas directas. El presidente de BP ofreció excusas públicamente y dijo que repararán también el ecosistema (¿se podrá?). Por favor… que alguien detenga el derrame antes de que sea demasiado tarde y de que los efectos sean irreversibles (si es que no lo son ya). Le tocó a BP pero no me cabe en la cabeza que ninguna de las grandes empresas tuviera planes vigentes y factibles para enfrentar una emergencia de este tipo. Quedó al descubierto que todas tenían planes similares. Un par de páginas para el plan de acción (poco viable) y decenas de páginas con estrategias para ¡enfrentar y capotear a la prensa! Una mancha muy díficil de borrar. Voy a la playa cada vez que puedo. Me gusta ver los atardeceres, oír el sonido de las olas, caminar por la arena. Estos últimos días veo el paisaje de una manera diferente. Siento algo de alivio porque ese manto negro no toca nuestras costas… pero veo más aves que de costumbre revoloteando cerca a la orilla y me imagino a las que no huyeron y están por allá, con hambre, cubiertas completamente de grasa y viviendo un episodio de terror. Culpas, discursos vacíos, dinero, pérdidas… ¡¿Y qué?!! Este Golfo de México en un par de meses podría convertirse en un ‘mar muerto’ y ser sólo un recuerdo. Todos los días rezo para que alguien encuentre una solución ya. Tengo rabia. No quiero comprar gasolina en ninguna estación de BP. No sé de quien sea la culpa realmente pero quiero que este golfo vuelva a vivir. Entonces, pienso que el dueño de la franquicia no tiene nada que ver con este asunto. Quizás, mejor apoyarlo… Quizás. También espero que los turistas vengan sin miedo a nuestras playas. Últimamente encuentro más publicidad pagada por BP en los medios de comunicación. Sin duda esto les va a salir muy caro. No hay dividendos para sus accionistas. Espero que tampoco haya una amenaza de huracán… ¡Triste! Qué porquería esta situación… Dios mío permítenos aceptar lo que no podemos cambiar… y de una vez por todas, aprender de las lecciones vividas. Si quieres escribirme, mi correo electrónico es: pilar@7dias.us |
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