Me gusta –en parte- el fútbol y he vivido paso a paso este Mundial que ya llega a su fin. Digo en parte porque me gusta sólo éste que se ve cada cuatro años. Confieso que soy una fanática “de a veces”. Para muchos eso no vale, pero digamos que para mí es suficiente. De frente digo que no me aguantaría fútbol cada semana ni por tv ni en un estadio, no soy hincha de ningún equipo en particular y no tengo idea de lo que pasa en todas nuestras ligas locales (mea culpa). Tampoco me soportaría como pareja a un fanático seguidor de partidos semanales ni en vivo, ni por televisión y reconozco que casi siempre dejo de lado y sin leer la sección de deportes en el periódico. Esta pasión sólo me llega por unas 3 semanas (empieza a mediados de la primera ronda) y ¡cada 4 años! Por lo menos, en esas condiciones, este deporte dejó hace mucho tiempo de ser cosa de hombres. Hoy la mayoría de mis amigas siguen cada juego y lo mejor del cuento es que entendemos lo que pasa en la cancha y podemos comentar con propiedad. Contrario a lo que piensan los hombres no estamos sólo mirando músculos, cuerpos y jugadores buen mozos… aunque es imposible negar que de vez en cuando “recreamos el ojo”. No faltaba más, por algo somos expertas en eso que llaman multitasking…. Cuando el fútbol se juega bien es un espectáculo divertido de seguir. De taquicardia, angustia y muchos nervios… Cada partido representa al menos 90 minutos de adrenalina pura que recorre nuestras venas y arterias haciendo que el corazón lata mas rápido. ¿Cosa de hombres? No exclusivamente. Somos varias las que estaremos en primera fila viendo la gran final el domingo. Ese partido entre Holanda y España seguro que va a ser como de infarto, aunque reconozco que no es la misma emoción que cuando se le hace barra a uno de los nuestros. Por eso el sábado estaré viendo a Uruguay. Ojalá logre ese merecido tercer lugar después de haber mostrado muuuy buen fútbol, regalarnos tremendos golazos y de dejarlo todo en la cancha (hay que reconocerlo… hasta esa mano que todos vimos frente a Ghana…). Este Mundial me lo gocé como debe ser. La pasión del fútbol en EE.UU. está lejos de parecerse a la de nuestros países en donde sabemos que un partido de estos paraliza cualquier ciudad. Pero lo gozamos en los negocios hispanos o con amigos y yo logré contagiar de emoción a mi novio quien vio al menos dos partidos. Ya lo entiende más pero todavía no tan bien como yo (risas), y siendo realistas no creo que el impulso le alcance como para pensar en viajar a Brasil en el 2014, cosa que a mí me encantaría…. Ya veremos qué pasa en el 2018 porque no pierdo la esperanza de asistir a un partido mundialista. Y si todo esto es sin tener al equipo de Colombia en la contienda ya se imaginarán como sería… con apuestas, fiestas y cero trabajo... Cada día más y más mujeres siguen o practican este deporte que, a propósito, sí es de machos -sin importar el género- porque es increíble ver a estos/as deportistas recorrer de punta a punta sin parar y durante 90 minutos esa cancha… Mis favoritos eran Brasil y Uruguay. Ahora sólo quiero ver una emocionante final y no tengo un preferido en particular. Tanto Holanda como España han demostrado un fútbol espectacular. Y después… será hasta dentro de 4 años porque hasta aquí llega mi emoción deportiva. Quizás me alcance para ver uno que otro partido de los Red Sox en el Fenway Park de Boston o en el Tropicana Field de St Pete, pero por favor no me pidan más porque yo soy de las que no ve ni los famosos comerciales durante el Superbowl. En ese juego –aunque estoy aprendiendo- soy de las que hace visita con las amigas. |
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