Muy pocos padres se atreven a hablar con sus hijos sobre el amor y el sexo. En más de una ocasión he oído frases como “ellos ya lo saben todo” o “ellos saben más que uno…”. Se asume que la televisión, la Internet, la escuela y los amigos cumplen con esa responsabilidad. Error. Hablar directamente con los hijos es parte del proyecto de vida que como padres tengan o sueñen para ellos. No dejen por pena, nervios o vergüenza pasar este importante momento. Tampoco esperen a convertirse en abuelos para conversarlo directamente. No se pretende acelerar ningún proceso o comportamiento, pero “hacerse el de la vista gorda” no evita que las relaciones se den. La ausencia de diálogo entre padres e hijos es lo que lleva a una vida sexual precoz según estudios recientes. Hablar abiertamente es la mejor manera de guiarlos para que las relaciones sexuales no sean prematuras. Una vez el joven tenga una relación sexual, lo más conveniente según los expertos es que se promueva por medio del diálogo -y no del regaño- el amor, la fidelidad y el respeto como parte de esa nueva etapa. El ejemplo es en todos los casos la mejor manera de enseñarles. Cuando los jóvenes reciben la información de amigos, medios o la Internet la verdad se desvirtúa y se crea confusión. ¿Y cuál es el momento adecuado para tocar el tema? Imposible pretender tener una conversación cercana y honesta cuando por años la distancia o el miedo han sido el común denominador en la familia. Por eso, los padres deben aprovechar todas las oportunidades que se presentan para conversar sobre el tema y no dejarlas pasar pensando que vendrán muchas más. Un estudio especializado indica que en general entre los hispanos, el 70 por ciento de los padres y el 50 por ciento de las madres nunca han hablado sobre sexualidad con sus hijos -básicamente por temor-. Un tema que no se puede dejar para después cuando la edad promedio para iniciar la vida sexual es los 14 años en los hombres y los 15 en las mujeres, y en muchos casos no como decisión completamente libre y pensada sino respondiendo a presiones sociales externas o en busca del afecto que no encuentran en la casa. Este promedio de edad varía muy levemente entre jóvenes de Estados Unidos y de países de América Latina. Además de tener una vida sexual activa antes de tiempo, hay otra preocupación, y es que en ese afán de buscar sensaciones extremas y respuestas a lo mejor infundadas por información mal canalizada pueden presentarse consecuencias graves. En Estados Unidos 1 de 4 jóvenes adquiere una enfermedad sexual, mientras en países como Colombia, por ejemplo, el consumo de Viagra es ahora una moda nada envidiable entre adolescentes. En cuanto a embarazos, en este país, un millón de mujeres menores de 20 años quedan embarazadas cada año, lo que supone un promedio de 2,800 niñas por día enfrentando una realidad que implica un reto mucho más grande para un padre -ahora también abuelo- que el haber hablado a tiempo de opciones. Incluso si la abstinencia es una de ellas se debe tocar el tema en contexto. Según los expertos la sexualidad obedece a las hormonas y en algún momento los adolescentes tendrán que enfrentarlas. Por eso se debe hablar sin tapujos sobre el uso de preservativos, del auto respeto como seres humanos, de la importancia de tomar esta decisión una vez haya estabilidad y madurez física, emocional y espiritual y no por presiones o culpas. También deben hablarles de la responsabilidad que implicaría convertirse en padres a temprana edad. Frente a estadísticas y estereotipos el mejor remedio es saber escuchar y hablar claramente. Los jóvenes son personas pensantes e inteligentes que pueden decir no a una relación sexual, no a las drogas, no al alcohol, pero necesitan la información y la confianza. ¡A despertar! Hay material didáctico y de apoyo. Hay información útil. No es un tema tabú. Si eres padre o madre no dejes que otra persona sea la que le abra los ojos a tus hijos, por decir lo menos. |
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