Sin lugar a dudas con la Internet, el mundo tal y como lo conocíamos hace 20 años cambió y ¡para siempre! Tuve la suerte de asistir como conferencista y participante al Primer Seminario con los Maestros del Internet en Tampa. Quedamos con la cabeza llena de ideas e información para tomar acción de inmediato y comenzar a ver resultados. Hoy quiero hablar de dos jóvenes que conocí durante el evento del fin de semana y quienes demuestran que se gana aún más volviendo a lo básico. Charles Denney el único gringo del grupo –él mismo se llama así en perfecto español y se ríe- fue uno de los conferencistas como experto en negocios y productos on-line. Su conferencia fue excelente y su aporte a la audiencia -como el de todos los demás- magnífico. Pero ahora quiero hablar de Jonathan y de Charles Jr. dos jóvenes de 15 y 20 años, respectivamente, quienes trabajan con su padre, y que a pesar de estar “pegados” a la tecnología… pueden estar más pendientes de las palabras y de los gestos de su papá que de un teléfono o un iPad. Con admiración y orgullo son parte del equipo de trabajo. Durante el verano, el menor de ellos se ingenió un producto que ya promociona y vende por Internet. Un joven de 15 años que ya tiene asegurado un ingreso mensual… ¿Es quizás el momento de revaluar las profesiones tradicionales como única opción a futuro? Y lo digo así, porque aunque todos reconocemos el potencial de Internet todavía muchos lo ven como una pérdida de tiempo y ni se diga si fuera una opción de carrera para reemplazar libros y cátedras. Si un hijo a los 16 años le dijera a su padre que en lugar de ir a la Universidad se va a convertir en un empresario de la Internet seguramente le pondría el grito en el cielo. En el caso de los muchachos Denney ¿qué me llamó la atencion? La responsabilidad a toda prueba. La disposición. La cara amable. La sonrisa. La mirada a los ojos. La buena educación y los valores. El trato de respeto entre ellos. En una realidad en la que peleamos espacio y tiempo con las cabezas bajas de quienes no pueden despegar sus dedos y sus pupilas de los iPhones o blackberrys me llamó la atención que durante dos horas, al menos el menor de los hijos estuvo sentado adelante, muy cerca de su padre, casi sin pestañear y prestando atención, verdadera atención, con todos los sentidos y observando como quien absorbe todo el conocimiento de un solo trago. ¡Increíble! Intuyo que este joven está en secundaria y no estoy segura si su hermano de 20 va a la Universidad. No sé. Quizás sí. Quizás no. Los observé muchísimo pero hablé con ellos muy poco… lo suficiente para llevarme una impresión maravillosa. No sé si su padre les inculca la educación no formal con resultados garantizados o un semestre académico. Lo cierto es que entre los asistentes de Colombia, México, Puerto Rico y España surgió una idea más abierta para quizás inculcar en muchachos de 12 ó 14 años otras opciones para su futuro profesional. Ya hemos visto que cada vez más, y mucho más fácil que antes, los jóvenes son exitosos y hasta millonarios y los millonarios y exitosos son muy jóvenes. La Internet es un mar de posibilidades y mientras ellos estén frente al computador haciendo algo productivo, entrenándose y capacitándose… ¡pues excelente! Que lo hagan sin perder la interacción con el mundo real y sin dejar de ser seres humanos sensibles a los demás. Después de lo que ví el fin de semana con los hijos de Charles Denney creo que sí se puede. Por eso los felicito y ahora los admiro. Ellos me dieron un testimonio inspirador para otros adolescentes (puede verlo en www.PilarOrtiz.com o en mi página de Facebook). Estoy absolutamente segura de que ellos alcanzarán con éxito las metas que se propongan porque además de talento tienen corazón. No los ví ni un instante como máquinas aisladas ni como robots que no se saben comunicar. Tienen los pies bien puestos sobre la tierra y veo que valoran a los nuevos amigos. Son aún más grandes porque son diferentes a tantos otros que como ellos también han descubierto el verdadero poder de la Internet a temprana edad. Ya ganan dinero gracias a la tecnología y seguro que no podrían vivir sin ella, por eso me llamó tanto la atención su actitud, su interés, el respeto por los demás. Sin que nadie les tuviera que decir nada, fueron unos jóvenes capaces de dejar a un lado el teclado y la pantalla -varias veces- para saludar a alguien por su nombre, conocer nuevos emprendedores o simplemente conversar con su papá… Envíeme sus comentarios a: pilar@7dias.us |
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