Siento que rompí un récord mundial de paciencia, resignación, tolerancia, ingenuidad, estupidez, impotencia, bobería y mucho más… Esta es una historia real y sin exageraciones… y sí, ¡estoy agotada! Mi conexión inalámbrica a Internet estaba fallando, entonces, llamé al famoso 1-888 del servicio al cliente de esta X empresa especializada. Contestaron relativamente rápido, me explicaron los términos y cobraron mi tarjeta de crédito de una manera muy diligente. Mi garantía había vencido, así que para comunicarme con un experto debía pagar antes esa cuota extra que además cubre el servicio por seis meses. Hecha la transacción empezó la hazaña. Mi odisea. Mi drama. Mi prueba. Me da hasta risa y pena a la vez.. pero aquí va. En un momento uno de nuestros técnicos la atenderá, me dijeron amablemente. Perfecto. Pasaban los minutos y nada. Me cansé de oír la repetitiva música y el consabido mensaje... en breve alguien estará con usted porque todos nuestros asesores están ayudando (?) a otros clientes… Pasó una hora y diez minutos pero me urgía hablar con alguien. Ya cuando mi oreja no daba más, mis nervios estaban a punto de explotar y quería botar el teléfono por la ventana (hacía rato lo había puesto en altavoz) decidí colgar. Justificamos el hecho pensando que era de noche… Sería mejor llamar de día. Así que al otro día volvimos a repetir la historia. La primera llamada, la de la venta entra sin problema. Pero cuando me dijeron que me comunicarían me puse muy seria y expliqué. No estaba dispuesta a perder mi valioso tiempo (el tiempo es oro). Entonces, pregunté, ¿cuánto tomará? Ocho minutos. De nuevo una hora larga hasta que colgué al borde de otro ataque…. Esclava de un cable y sin conexión inalámbrica pasaron dos días (necesitaba contar con un par de horas de tiempo libre y muuucho valor) cuando pude volver a llamar. Finalmente me contestan del departamento técnico. ¡Ni que estuviera llamando a la India para que se demoraran tanto! “Hola, habla Adam” dijo un hombre muy amable con un acento fuertísimo ni parecido al de cualquiera de nosotros. Diez veces más enredado y eso sí, muy muy lejos de tener voz de Adam, norteamericano. El calvario empeoró. “Haga, abra, vaya, desconecte, mire, revise, vuelva y empiece. Debajo, arriba, atrás, otra vez, ve, titila, lea”. Todo repitiendo diez veces cada cosa porque era imposible. En mi sabiduría tecnológica y quizás ya “víctima” del capitalismo práctico pregunté varias veces desde un principio: “¿será que debo comprar otro router? El mío tiene años”. “No, no, no” respondían siempre en un afán cultural de arreglar cueste lo que cueste lo que está fallando. Confieso que en ese momento extrañaba a un Tyler, empleado “made in USA” para que en cuestión de 20 minutos me dijera: “debe cambiar su unidad por una nueva”. Pero no. Adam y los que vinieron turno tras turno en estos dos días de agonía... Bob, Cathy, y GJ coincidieron en decir que en diez minutos todo estaría resuelto. Ellos no colgarían hasta que yo quedara feliz (?) me decían. De diez en diez pasaban las horas y yo trataba de maximizar mi tiempo aunque no es mucho lo que se puede hacer. Mi primera llamada fue exitosa aunque duró 6 horas y 34 minutos. WOW. Estos muchachos (además son querídisimos) tenían razón. No tuve que comprar una unidad y quedó funcionando perfecto. A pesar de todo ya “mi vida” había vuelto a la normalidad. Cuando creí que el esfuerzo de casi un día había valido la pena… ¡desilusión! Al siguiente día, si no conectaba la computadora al cable (al lado opuesto de mi estudio) no tenía señal. Estábamos como al comienzo y aún más agotados. “¡Me niego a llamar de nuevo! (pensé)… Me compro un router y ya. Pero un momento, si pagué una garantía de seis meses y ayer funcionó todo bien…debe ser cualquier cosita fácil de solucionar. Ni boba, no voy a perder mi plata”, dijo esa… mi voz interna de típica latina. Llamamos otra vez y viene lo más inverosímil de todo: ¡Mi novio y yo, pasamos 11 Horas y 32 minutos en la llamada! Tomamos turnos para almorzar, ir al banco, contestar llamadas, ir al baño, tratar de trabajar, descansar, comer… Me pinté las uñas, ordené mi escritorio, etc. etc. pero estábamos sin computador y con teléfono atados a una simple llamada a la India. Seguía la preguntadera. No entendíamos nada. Red? No. read. F. No L as in London. A as in eiple. Let? No. Left. Cada frase, cada palabra, cada silencio obligaba un esfuerzo sobrehumano indescriptible. Esta vez hablabamos con Nshirna quien entró de turno después de John. How is the reather? The reader?. No. The reather. The router? No. The reather. Mi novio me miraba, y “con pena” le pedimos que deletreara porque de verdad estabamos perdidos. The WEATHER… Ahhh bueno hay un poco de viento… tendrá algo que ver? En fin… no quiero quitarles 19 horas de su valioso tiempo ni leyendo esta columna, ni hablando con sus amigos sobre este tema, ni recordándoles casos similares, pero conste que quedan advertidos por si alguna vez tienen que hacer una llamada similar. Empresarios de USA: lo barato sale caro… por favor devuelvan el servicio al cliente a Norteamérica e incentiven trabajos para los verdaderos Adams, Pauls y Cathys. La India para ir de recogimiento espiritual lejos de computadores y distracciones. Culturalmente somos diferentes. ¿Hasta dónde llegaremos? ¿Hasta la China? Antes de colgar (ellos insistían amablemente…en trabajar unos minutos más…) y ya cuando todos estabamos frustrados, pregunta Nshirna: “Is the router close to a fish tank? Juro que si le entendimos perfectamente lo que dijo pero como no tenía mucho sentido, le pedimos que repitiera. Yes, the ‘ball with feesh’…a fish tank.”. No. no tenemos acuario. Ah, entonces tienen que comprar un router nuevo…dice muy tranquilo (plop!!) A propósito lo compramos y José (de México… no desde México) va a venir a instalarlo. Ahora, cada noche, antes de dormir ruego piadosamente que por ningún motivo tengan que redirigir las Líneas de Crisis a la India. Si quiere escribirme, mi correo electrónico es: pilar@7dias.us |
|








