Escribo hoy una columna dedicada a los papás de aquellos jóvenes que empiezan a cruzar el límite entre niños y adolescentes. No está inspirada en los papás de niños (varones) que de por sí tienen un lazo de camaradería por los intereses comunes en deportes, gustos y hasta secretos de conquista. Esta columna es pensando en los papás de las niñas, aquellos que se derriten por las princesas de la casa y que a estas alturas deben empezar a ceder terreno, dar permisos para ir a fiestas y aprender a desprenderse de ese amor paternal único y exclusivo del que gozaban hasta hoy. Seguro también hay un lazo fuerte que los une pero -en el fondo- hay también más celos, temores y preocupaciones. A ellos les fascina verlas crecer, triunfar y ser felices…lo que pasa es que, en el fondo, preferirían que lo hicieran solas. Es que no es fácil verlas salir de la casa de la mano de un muchacho extraño del que apenas saben su nombre o dirección. Tengo varios amigos que están pasando por ese “momento real”. Ellas crecieron y llegó la hora de dejarlas vivir como dicen tantos poemas y libros especializados… Es justo ahora, cuando a los padres les toca aguantar el comentario jocoso de sus amigos que para esconder su propia verdad dicen: “más vale que usted se haya portado bien porque con esa hija tan linda ahora va a pagar todas las que hizo de joven…” y el pobre papá viendo una película extrarápida de su propia adolescencia sólo puede levantar la ceja y sonreír como si no le preocupara recordar si él se portó bien o mal con sus amigas de juventud. Disfruto viendo la imagen de padres orgullosos entre mis amigos. Ellos darían su vida por esas mujercitas que empiezan a escribir su propia historia. Inspira ver tanto amor y hasta duele imaginar cómo se las ingeniarán para “romper ese primer vínculo” sin perder la verdadera amistad y la individualidad. Paradójicamente, dicen los expertos que sólo si han sido padres más que entrañables amigos podrán superar estos años gracias a la comunicación y la confianza. Sí, muchos padres se preocupan por ser amigos de sus hijos y se olvidan de ser padres que ponen límites y dan patrones de comportamiento. Primero hay que ser papá (o mamá) y luego amigo para poder exigir y hacer cumplir las reglas de la casa antes de que sea demasiado tarde. Para un padre no debe ser fácil que su hija salga con un extraño o el día menos pensado diga que tiene novio, pero irremediablemente va a pasar… Es imposible “esconder” a la niña y “prohibirle” que viva su vida. El padre debe -aunque a veces con resignación- entregarla al mundo y esperar que la confianza y el amor que sembró durante su niñez sean tan fuertes y verdaderos que alcancen para sobrepasar la adolescencia y definitivamente solidifiquen una muy fuerte relación de padre-hija en la edad adulta. Volverán a brillar los ojos e intercambiarán miles de mensajes de texto (inevitablemente es la nueva forma de comunicarse) tal y como lo hacían unos años antes. A este punto las niñas están listas para graduarse de secundaria y empezar una nueva vida quizás lejos de casa (me acuerdo ahora de un amigo quien en medio de las risas del grupo, y como en chiste pero con mucho sentimiento, insiste en que si su niña va a una Universidad lejos de su ciudad, allá irá él detrás de ella). Que los hijos se vayan a empezar una nueva vida lejos de casa, es igual de díficil para papá y mamá. Ni hablar de las tristezas, desengaños y alegrías que ellos deberán sufrir y gozar antes de encontrar el amor verdadero… Bueno, mejor no nos adelantemos tanto. Espero que disfruten cada segundo con sus niñas del alma y construyan, hablando y compartiendo experiencias abiertamente, una relación sólida que sea capaz de sobrepasar todas las situaciones de la vida. Es normal que quisieran protegerlas por siempre. Es normal que ellas quieran volar solas. Si quiere escribirme, mi correo electrónico es: pilar@7dias.us |
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