“Todos tenemos nuestra propia historia y al llegar a este país incluso podemos inventar otra, si queremos”. Desde los recuerdos y recuperando elementos o artefactos de la infancia o la juventud un muchacho de 24 años crea nuevos íconos llenos de significados diferentes al original. Andrés Monzón necesita transformar, destruír, cubrir o alterar con tal de que esos elementos vuelvan a ser el centro de atención y adquieran vida otra vez. Que de historia pasada y medio muerta en la memoria pasen a ser presente viviente. Lo que podría ser elemento precolombino con valor sólo para los antropólogos, la foto mental de una casona paisa antigua en donde jugaban los niños y conversaban los grandes, o divas como María Dolores o Celia, en una imagen de televisión congelada en la era del blanco y negro, reviven en manos de este creativo artista colombiano. En este proyecto rescata su trabajo como joven profesional y su propia memoria cultural a través del arte. “A short and bumpy trajectory” (Una trayectoria corta y desigual) está abierta al público en Collective Gallery en la avenida Central de St. Pete hasta el 5 de marzo. La exhibición regala al espectador una obra cambiante según el estado de ánimo del artista y la capa cosmética que con brillos y tonos fuertes de esmalte de uñas él ha querido plasmar. Según Andrés estos objetos han sido olvidados y muchas veces hasta mutilados, entonces por un interés profundo él los rescata, los maquilla y les vuelve a dar sentido. Al entrar me llamó la atención un retrato: la cara de una mujer perfectamente delineada con técnicas del renacimiento, está medio escondida detrás de un velo que al cubrir parte de la obra genera mucha curiosidad en el espectador. Entre cuadros y telas transparentes veremos proyectarse a este artista que muestra tanta versatilidad mientras explora íntimamente un trabajo de siete años desde que estudiaba en Rhode Island hasta que terminó en Corea del Sur viviendo por un año. También me gustó “Biografía Automática”. A simple vista y desde la ventana parece una lámpara contemporánea gigante de tiras blancas irregulares. Al acercarse la percepción cambia: es una circunferencia de unos cinco pies suspendida en el aire y las tiras -ya no tan blancas- son viejos recibos de papel de todo lo imaginable. Con facturas de pago, cuenta su propia historia: lo que comió, dónde durmió, los países que visitó, el hospital en donde lo atendieron… todo. En sus palabras “este es el recorrido de mi cuerpo y lo que ha literalmente consumido en siete años”. Un concepto simple y básico con el que lograríamos conocer mucho de una persona. También están sus autorretratos, el tapiz de filtros de cigarrillo y un cuadro surrealista de una mujer enfrascada en la vida orgánica. Con las divas latinoamericanas el acercamiento es diferente. Esa fascinación por María Dolores Pradera lo llevó a recuperarla en todo su ‘otro’ esplendor. El toma una imagen de video, la trabaja digitalmente y luego la pinta en tonos morados cambiándola radicalmente. La nostalgia, el miedo y el rechazo como parte de un pasado que empieza a construírse ahora mismo y a tener otra vida tan pronto se destruye. Para más información pueden llamar al 727-8516767 o visitar www.andresmonzon.com |
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