La actitud del pueblo japonés después del tsunami es admirable. Ante semejante desastre natural y frente a una tragedia de tal magnitud esta comunidad sobresale de los escombros con fortaleza, solidaridad y paciencia. No hay gente robando ni saqueando las tiendas y los supermercados, no hay gritos estruendosos de madres desesperadas exigiendo leche en polvo, no hay hombres cargando televisores nuevos y huyendo entre las calles. Las emociones no son descontroladas y hay mesura para pedir la ayuda básica. Las filas se hacen casi en silencio y con una organización que ya quisiéramos aprender o tener en el mundo occidental. Cada vez que veo las terribles imágenes, ya sea del momento mismo del terremoto o de los días posteriores me impresiona ver que la gente simplemente es tranquila y no reacciona “a la loca”. Es verdad que ellos están acostumbrados a los movimientos telúricos pero éste que fue más intenso y duró “una eternidad” tampoco provocó reacciones extremas. Todos están alerta pero en calma, toman acción pero no pierden el control. Aún en medio de las amenazas radioactivas, que aumentan por segundo, la actitud es admirable. El gobierno trabaja incesantemente por prevenir el pánico además de manejar la tensión provocada por la peor tragedia sufrida por ese país después de la Segunda Guerra Mundial. Personas que han tenido que ser evacuadas de sus hogares y las miles de réplicas se suman a la situación. Sin embargo, y en medio de un panorama desolador, no se han presentado saqueos, ni nada similar a lo que vimos en New Orleans, Haití, o Chile… ¿Por qué? Japón parece comportarse dentro de una línea inclinada al bien de la sociedad y no de cada individuo. No vemos el caos que ha caracterizado a otros pueblos, que igualmente hambrientos y asustados, han actuado de manera tan diferente. No hay duda de que la cultura cumple una función primordial al tratar de entenderlo. La responsabilidad social se inculca en el país nipón y es parte consciente de esta comunidad aún desde la niñez. Ese esfuerzo se refleja cuando frente al caos, a la escasez y a la inmensa necesidad se ven personas civilizadas y educadas, que en orden esperan, así sea por horas, por agua o por comida sin alterarse y sin perder los estribos. En estos días ha sido maravilloso ver al mismo ser humano en otra dimensión que es posible. Disciplina y resignación. Es una sociedad que ha tenido duras pruebas y que generación tras generación ha aprendido a mantener el orden y la buena conducta. Ellos caminan para ir a buscar agua. Ellos compran o reciben sin necesidad de rapar. Ellos respetan y esperan. Ellos hasta sienten la tierra estremecerse y en lugar de gritar o correr, primero observan. Podemos especular acerca de la raza, la cultura, la educación, pero lo cierto es que es un pueblo organizado que no ha mostrado -hasta hoy- imágenes de desesperación irracional aún a pesar del miedo y la necesidad que están pasando. Son diferentes y en medio del caos se han convertido en un ejemplo para el mundo que, aún sorprendido, se pregunta… ¿por qué? Si quiere escribirme, mi correo electrónico es: pilar@7dias.us |
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