Las noticias malas generalmente unen de inmediato a la comunidad. El luto y la tristeza se sufren apoyándose en el amigo, el vecindario o los organismos internacionales para ayudar. Katrina en New Orleans, El tsunami en Japón , el terremoto en Haití, el ataque a las torres gemelas en Nueva York. Cuando la noticia es buena y la euforia es colectiva generalmente es por un deporte... el triunfo de España en la Copa Mundial o el campeón de la Serie Mundial de béisbol. Hay alegría pero no hay tanta identificación del pueblo. Lo que ocurre muy pocas veces en la vida es algo como lo que vivimos el domingo 1° de mayo que por una “mala” noticia la gran mayoría de las personas sientan alegría desbordada y salgan a celebrar. Esta vez, vimos cientos de personas, en su mayoría jóvenes que de inmediato se reunieron al frente de la Casa Blanca, pero no para protestar contra alguna política de gobierno en cuestiones de salud o inmigración. Ellos empezaron a reunirse poco a poco para demostrar el orgullo de ser norteamericanos y para felicitar al presidente por la muerte de un hombre que ha sido sinónimo de terror para este país. Casi diez años pasaron desde los ataques a las torres gemelas para que según palabras del presidente Obama, se hiciera justicia. Osama bin Laden murió como parte de un operativo militar en el que no resultó herido ningún soldado americano. Con la muerte de este hombre la euforia general predominó aunque algunos se apresuraron a decir que la muerte de un ser humano, sin importar las circunstancias, no debía ser motivo de alegría. Aunque la justicia final sólo la podrá impartir Dios, esta noticia fue el cierre que miles de familias de las víctimas del 11 de septiembre necesitaban para sanar en algo las heridas. Nada devolverá a esa hija que apenas tenía 23 años e ilusionada empezaba su primer trabajo en una empresa neoyorquina, nada devolverá los abrazos y los besos de ese hombre que acababa de proponerle matrimonio a su novia, nada traerá de nuevo al papá de cuatro niños que ahora crecen huérfanos. Pero la muerte de bin Laden, genera algo de alegría, todos coinciden en afirmar que representa una especie de cierre para ellos. Algunos lo celebran, otros simplemente lo asumen como algo que les brinda paz interior. Para las familias con soldados en las Fuerzas Militares son diez años de pérdidas, de miedos y de incertidumbre…ahora la pregunta es si con bin Laden fuera del panorama y aunque continúe la guerra contra Al Qaeda podrán esos soldados pronto regresar a sus hogares… Para el gobierno es parte de una misión cumplida después de ocho meses de momentos decisivos. Es un respiro en la lucha desigual contra el terrorismo que no da tregua. Culturalmente los americanos no salen a celebrar ni el día de elecciones, ni cuando un equipo gana el campeonato. Ellos participan de desfiles organizados pero esta demostración espóntanea de alegría dejó ver en la calles que este país de inmigrantes es distinto, es diverso y es cambiante. Aquí se reciben culturas, idiomas y religiones pero no violencia y terror como la que Osama bin Laden representó por décadas. Él, a fuerza de dinero e intimidación veía al resto del mundo como una pequeñez insignificante que podía derrumbar a su antojo como en un juego de naipes… se convenció de que sólo necesitaba un grupo de hombres para secuestrar unos cuantos aviones que luego estrellarían contra un par de edificios que caerían como si fueran de cartón. Miles de vidas y de sueños murieron o se truncaron ese día. La operación del domingo corresponde a una labor de inteligencia como reacción a un ataque sin precedentes. Más familias podrán dormir tranquilas aunque el peligro continúa y no se debe bajar la guardia. Entre menos noticias malas de las que entristecen y unen a la gente haya…menos noticias malas de las que alegran al mundo entero tendrán que perseguirse. Si quiere escribirme, mi correo electrónico es: pilar@7dias.us |
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