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Publicado el 06-17-2011   enviar imprimir
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MARIA DEL PILAR  ORTIZ

Un correazo y muchas carcajadas

MARIA DEL PILAR ORTIZ
Asociación de Mujeres Hispanas

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Ser felices y exitosos. Esa ha sido, quizás, la lección más importante que mi papá nos inculcó, a mi hermano y a mí, desde niños.
En esta semana en la que festejamos el día del Padre es el momento para reconocer lo que ellos hacen por nosotros. Mi papá, un mayor de la Fuerza Aérea Colombiana, siempre nos ha enseñado que en la medida en que logremos nuestras metas, alcancemos nuestros sueños y construyamos juntos, podremos ser felices y exitosos. La felicidad no depende o por lo menos no debe depender de lo que pasa a nuestro alrededor…
Mi papá es un hombre que vive de buen humor. Literalmente vive contando anédoctas, chistes y haciendo bromas. El espíritu militar no le quita flexibilidad a la hora de “tomar del pelo”.
La ÚNICA vez que lo he visto bravo fue cuando, como organizador de un evento militar para el presidente Belisario Betancur, él supervisaba a los soldados mientras hacían un camino con unos cordones dorados, y yo como niña traviesa me puse a saltar feliz usando el finísimo cordón como lazo de juegos. El Mayor Ortiz entró en colera y me persiguió por unos minutos hasta que me agarró, me dijo hasta “mico” y me pegó con su cinturón.
Así crecimos, y era común el correazo “limpio”. No había llamadas al 911 y creo que hasta -en algunos casos- nos hizo bien recibirlos. Fue la única vez que me pegaron y para decir la verdad creo que me sirvió. Son lecciones inolvidables. Ese fue el castigo más duro porque las demás situaciones fueron relajadas… riéndonos, haciendo bromas, etc.
Según dicen, “la felicidad es el combustible del éxito” y también mi papá se ha preocupado porque seamos felices. Que no nos faltara nada, que estudiáramos lo que quisiéramos y que nos realizáramos como personas y como profesionales.
¡Gracias papi por eso! ¡Por apoyarme y entenderme! Aprendí a ahorrar dinero porque, desde que fuimos a comprar mi primer carro, un Renault 4 blanco y usado, cualquier inversión la debíamos hacer como socios. Aprendí a comer de todo porque a él no le importaba quedarse por horas en el comedor hasta que nosotros probáramos el “horrible” tamarindo, por ejemplo. Aún hoy no puedo comerlo…
El miedo nunca fue parte del curriculum. “Siempre pa’delante hija que el mundo es de los valientes”. Atemorizados y sin ser capaces de actuar no
vamos a lograr nada. Aun cuando las circunstancias influencien nuestra vida estas no deben manejar ni la tristeza, ni la felicidad. Esos sentimientos nacen de adentro.
Si quieres sentirte triste prepárate psicológica y físicamente, imagínalo, siéntelo y lo lograrás. Y si quieres ponerle una sonrisa a la situación, dale, también lo conseguirás.
Hace como 25 años mi papá tuvo que estar hospitalizado por dos meses. Un fuerte dolor en la rodilla terminó con un diagnóstico poco prometedor. En un 98 por ciento de probabilidades frente a 2 por ciento, el equipo médico del Hospital Militar le daba a mi papá como única opción la de amputar una de sus piernas a la altura de la rodilla. El tumor parecía maligno y se debía erradicar en su totalidad.
Ese fue el diagnóstico por semanas mientras hacían más exámenes. Fueron dos meses de sufrimiento para un par de niños que iban a jugar como enfermeros. Dos meses de angustia para mi mamá. Pero para mi papá, una prueba que le dio calma, resignación y muchos chistes a costa de sí mismo.
Mi papá nunca perdió el buen semblante, nunca dejó la sonrisa, y las risas con el personal médico y de enfermeras nunca faltaron. Su buen humor lo mantuvo a flote y lo sacó adelante.
Gracias a Dios, al final, no fue necesaria una amputación pero sí un injerto de hueso para reemplazar prácticamente toda el área. El injerto era de hueso de ternero alemán lo que obviamente le dio mucho más tema -aún hoy- para sus comentarios jocosos.
Con su actitud nos dio otra de esas lecciones valiosas en las que depende de uno hacerle buena cara a las adversidades por graves que parezcan...
Hay quienes tuvimos la suerte de aprender ese secreto desde pequeños pero hay otros que insisten en buscar la felicidad en los alrededores. Aprendí de mi papá que si estás cansado/a de lo que estás recibiendo es hora de tomar control. El éxito y la felicidad están allí, sólo falta hacer una pausa para que no pasen de largo.
Gracias papi por tus enseñanzas, tu ejemplo y hasta por ese regaño que aún recuerdo. ¿Sabes? A pesar de todo, fue tan divertido saltar en medio de esos cordones brillantes que creo que valió la pena porque con los recuerdos de la infancia es que empezamos a construir ese banco de felicidad interior.
Feliz Día para mi
papá y para todos los papás que nos leen.

Escríbeme a: pilar@7dias.us

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