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Publicado el 08-12-2011   enviar imprimir
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MARIA DEL PILAR  ORTIZ

Uno de esos días…

MARIA DEL PILAR ORTIZ
Asociación de Mujeres Hispanas

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Me cuesta trabajo madrugar. Mi alarma suena pero con un timbre muy, muy bajo. Sin embargo, me despierto a tiempo para cumplir mi primera cita de la mañana. Me arreglo rápido y salgo muy optimista bajo un sol radiante y un día espectacular. Húmedo como siempre pero con cielo azul y brillante. Hoy sería un día perfecto. Reuniones con dos prospectos, un nuevo cliente, cita en la peluquería, almuerzo con una amiga y una asesoría de tres horas planeada hace semanas…¡Súper!
Con tiempo de sobra compro un café para empezar… Al probarlo casi me lo echo todo encima. La tapa me quedó mal puesta. Ya voy manejando con vaso en mano, casi quemándome, con una ‘señora’ mancha en mi pantalón y tratando de no causar un accidente. Sigo mi ruta y cuando creo que estoy a 20 minutos de llegar caigo en cuenta de que la cita de hoy no es en Tampa sino en Brandon. Trato de enfocarme al máximo, de no hablar por el celular para que me rinda y llegar a tiempo. En la autopista avanzo bien. Pero… al tomar la salida me gano la lotería de los semáforos. Cada uno de los 17 (bueno como 7) que tengo que pasar está en rojo. ¡Todos y cada uno en rojo!
Llega la hora de ir a arreglarme el pelo y me lo dejan liso, bien liso. Salgo feliz aunque ya el día está un poco más nublado. Llego al restaurante para almorzar con una amiga y en cuestión de segundos empieza a llover durísimo justo antes de bajarme. Y aquí estoy yo sentada en mi carro, con mi pelo recién arreglado (solo las mujeres entienden ese caos para cualquiera de nosotras acabando de pasar por la plancha) y sin ninguno de los tres paraguas que SIEMPRE cargo literalmente para todos lados y que justo ayer dejé en mi casa. No tengo con qué taparme y ya me toca bajarme. Estoy encartada con cartera, laptop, llaves y teléfono. Me cubro con una bolsa y corro. No me queda más remedio.
Medio salvo el peinado pero mis zapatos están totalmente inundados. Escurro y me siento en el restaurante a esperar. Me muero de hambre pero mi amiga y yo quedamos de almorzar juntas así que espero un rato más. Pasan 15 minutos para descubrir que yo estoy en West Shore y ella en el International Plaza. ¿¿Queé??
¿¿Coómo?? Es uno de esos momentos PLOP (por decir lo menos). Ya no hay tiempo de vernos porque ella debe volver a su oficina.
Almuerzo sola y lavada. Al salir se prende la luz de servicio en mi carro pero hoy ni me acerco al mecánico. Hoy no.
Paso por el banco y como todavía llueve resuelvo utilizar la ventanilla del drive-thru. Escojo la línea más corta y tengo mi depósito listo. La persona en frente mío tiene mil y una transacciones mientras yo sin poder hacer nada y con otro carro detrás veo pasar a todos los demás por el carril del lado. Definitivamente, no es mi día. Trato de ganar tiempo y hacer citas por teléfono mientras espero. Pero…es misión imposible, hoy a todo el mundo le dió por estar en reunión, de viaje o en el doctor.
Llego a mi último compromiso del día después de decir que no a una invitación ‘no planeada’ para ir a comer sushi con un grupo de amigas. Ni modo, ¡el deber me llama! Tengo una asesoría individual de tres horas programada desde hace bastante tiempo. Atravieso la ciudad, por fin deja de llover y llego justo a tiempo. Cuando estoy cual “camello” (suena mejor que “mula” aunque así me sintiera), cargando cartera, cámara, computador, micrófono y espejo, timbra mi teléfono… Como malabarista contesto sólo para recibir una cancelación de último minuto.
Para este momento mejor me río. ¿Qué pasa? No cliente, no plata, no sushi, no peinado. Son las 5:48 p.m. y mejor me voy a dormir. Hoy simplemente es uno de esos días…. ¡Hasta mañana!

Espero sus comentarios en pilar@7dias.us

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