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Publicado el 10-14-2011   enviar imprimir
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MARIA DEL PILAR  ORTIZ

Nuestra inolvidable boda

MARIA DEL PILAR ORTIZ
Asociación de Mujeres Hispanas

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Les cuento que Bruce y yo nos casamos hace una semana y estamos felices de empezar esta nueva etapa de la vida juntos, llenos de ilusiones y conscientes de que el matrimonio se construye con pequeños detalles y esfuerzo mutuo. La fiesta se planea, se programa, se “sufre”, se disfruta y se acaba. Todos los invitados vuelven a sus hogares, viajan de regreso a sus ciudades y la pareja comienza una nueva aventura.
Esta aventura para los Carter comenzó en un hermoso día de octubre después de meses de preparación… Por sencilla que sea una boda siempre se requieren detalles y decisiones de último minuto.
Con tiempo, cumplí la cita final para recoger mi vestido de novia y oh sorpresa cuando veo que los mismos alfileres que se habían puesto para marcar el dobladillo desde la semana anterior estaban ahí todavía… “Que una creyó, que la otra dijo, que esto, que lo otro…”. La cosa no pasó a mayores, volví al otro día y la verdad estaba espectacular… Tal y cual me lo había soñado…
En cuanto a las flores, tuve la suerte de conseguir tulipanes, una flor hermosa para enmarcar la belleza natural de las playas de Indian Shores… Me imaginaba dos o tres por florero junto con una foto nuestra para identificar cada mesa…
Justo antes de la gran fecha imposible no estar pendientes del estado del tiempo. Las probabilidades de lluvia aumentaban a medida que pasaban los días y el sueño de una hermosa ceremonia en la playa peligraba. Todos los canales de televisión pronosticaban fuertes vientos para el fin de semana y nosotros estudiabamos la opción de irnos con nuestro ‘plan b’ y mover todo para un salón cercano.
El cambio era tedioso y al fin de cuentas la esperanza es lo último que se pierde. Resolvimos jugarnósla, y así fuera lavados ibamos a dar el sí cerca al lugar donde hace un año nos comprometimos. Bromeando le dije a mi peluquera que se asegurara de agarrarme muy bien el pelo y de usar sólo productos a prueba de agua para mi maquillaje. Soy muy optimista pero reconozco que la imagen de ese primer beso con el agua cayendo sobre nuestra frente pasó un par de veces por mi mente. Creo que tanto me preparé mentalmente para que el clima más adverso no dañara mi día que por alguna razón díficil de explicar yo
estaba muy tranquila cuando llegó el momento…
Ni una llamada al lugar en la que me dijeron que todo se estaba volando, y que los manteles habían tenido que amarrarse y que la carpa y el arco los habían tenido que asegurar con mucho esfuerzo y entre varios hombres, logró ponerme nerviosa. Casi incredula llamé a una de mis amigas que estaba ayudando a organizar y el mensaje fue completamente diferente… “Aquí todo está bien, ya arreglamos la decoración y el arco y no hay lluvia en el panorama…” ¡Me sentí mejor! Al final de cuentas ¿la novia ya que puede hacer? ¿Para que preocuparla? Por conveniencia le creí a esta persona más que a la primera y seguí como si nada, tranquila…
La vida después de todo es así, hay días que sonríe y de repente se ensombrece el panorama. Dios puso a prueba nuestros nervios y nuestra serenidad cuando los vientos arreciaron tanto que los floreros volaban a pesar de estar llenos de agua y piedras. Entonces se tomó la decisión de ir sólo con tulipanes sobre las mesas pero sin floreros… Todo esto lo supe después… Al tiempo empezaron a llegar los invitados… Algunas fotos habían volado, todos los dulcecitos de recuerdo habían caído al suelo.
Por la ventana yo veía ondear las faldas y los velos… Menos mal la comida no se cayó, aunque las sombrillitas de los cocteles no se pudieron ni lucir… Nada me preocupaba, mi vestido ondeaba y la ceremonia fue lindísima, con mucho viento pero sin gota de lluvia. Felices nos juramos amor eterno al lado de todos nuestros seres queridos…
Una vez comenzó la fiesta las copas y los vasos tampoco aguantaron las ráfagas y más de un invitado quedó empapado limpiándose todo el líquido de su camisa o vestido… Nada de eso se olvidará, nos reímos como niños y somos la pareja más feliz del mundo. Bailamos y gozamos nuestra fiesta hasta que la lluvia y el viento lo permitieron y ya entrada la noche los invitados se reían de la promesa de mi mamá que ofreció regalar 300 huevos a un refugio de personas necesitadas si no había lluvia (hay que cumplirla porque las nubes sólo cedieron ya entrada la noche y las fotos dan fe de ello).
Las dos culturas se integraron de maravilla a la hora de pisar la pista de baile. Esta fiesta
terminó y nuestro baile continua. Le pedimos a Dios, permitirnos envejecer juntos y así de felices… El amor y el respeto son el motor de esta relación sea cual sea el viento que nos sorprenda. Encontrarse con esa alma gemela es un regalo que hay que cuidar con cariño y dedicación a diario. Gracias a mis lectores y amigos por sus comentarios, mensajes y buenos deseos.

Espero sus comentarios en: pilar@7dias.us

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