Doy gracias por dos razones hoy. Porque es la semana de Acción de Gracias y hay muchas bendiciones a nuestro alrededor y porque celebré mi cumple y estoy feliz de gozarme mi edad sin cirugías, ni inyecciones. Esta que estoy viviendo ha sido para mí la década más relajada y linda de las que he vivido hasta ahora. ¡Si así son las que siguen que venga el siglo entero! Al llegar al segundo piso me graduaba del colegio, empezaba mi carrera y había algún pretendiente más serio. Fue una etapa linda pero vives en la casa de tus papás, no sabes muy bien lo que quieres, tienes que hacer lo que te dicen, te importa el que dirán y todavía tienes mil dudas sobre cómo será el mañana. Una vez te graduas de la Universidad y empiezas a trabajar te sientes en control de tu vida y de tus decisiones. Al cumplir los 30 estaba en la cima de una carrera profesional exitosa, creía haber encontrado el amor, y soñaba con formar una familia. Vivía –como siempre- intensamente el ahora. Viajé, gocé, rumbeé y gasté más de lo que ahorré. Si hubiera sabido lo que sé hoy, habría gozado igual porque lo bailao nadie me lo quita pero habría planificado aún mejor para un retiro que ahora no solo veo más cerca que nunca sino que espero llegué más rápido de lo que lo veo. Es una etapa en donde vivimos ocupados, corriendo, produciendo, viajando, haciendo… Es una etapa de decisiones muy importantes que definen lo que realmente eres y lo que de verdad quieres. Empiezas a liberarte de lo que piensan los otros para pensar más en ti y en tus cosas. Es una etapa de madurez maravillosa en la que ya por fin sabes lo que de verdad quieres TÚ. No tus papás, ni tu esposo, ni tus hijos, sino TÚ. Y la magia de llegar a la década de los 40 tiene el valor de saber lo que te hace feliz y punto, ahorrar un poco más que antes y disfrutar sobre todo de las cosas simples. Para mí esta década ha sido sinónimo de libertad interior en diferentes sentidos. Dejé de ser empleada y ahora manejo mi propio tiempo, leo más, estudio más, me estreso menos. Tengo nuevas metas y retos. Encontré el verdadero amor y decidimos compartir nuestra felicidad. Damos gracias a Dios por habernos encontrado. Queremos trabajar, viajar, disfrutar de una manera pausada y sin afán, pero espóntanea a la vez. Se piensa en el retiro porque a estas alturas nos damos cuenta de que por más de que nos fascine lo que hacemos no queremos hacerlo para siempre. Damos gracias por la vida y ser agradecido es el sentimiento más lindo que puede existir. Y hoy me siento a escribir dando gracias por la vida que tenemos. Como dijera cierto escritor ‘lo único diferente entre este año y el que viene será la gente que conoceremos y los libros que leamos’. Hoy doy gracias porque hice un negocio, porque tuve una asesoría maravillosa, porque pude almorzar en calma algo rico y nutritivo, porque alguien me dijo te quiero, porque hablé con un ser querido, por este maravilloso puente que tengo que cruzar a diario, por la hermosa vista que tengo desde mi ventana, por la tecnología, por los amigos, por los colegas, gracias porque pude terminar de escribir la columna recostada en el sofá y no cumpliendo horario en una oficina, gracias por nuestra salud, porque tenemos un familia hermosa, por el amor, por poder dormir una siesta en el momento justo, por el fútbol que quiere disfrutar mi esposo esta noche mientras yo “charlo un sushi” con mis amigas. Gracias a Dios por cada momento. Amo esta etapa de la vida en donde llamo las cosas por su nombre, no como cuento, le creo a mi intuición, en la que digo si o no sin pena ni vergüenza, y en la que me rodeo sólo con la gente que me da buena energía porque esta vida es muy corta. Esta semana celebré mi cumpleaños con alegría y con amor y le agradezco a Dios tener gente tan maravillosa a mi alrededor. Sólo basta tomar un segundo para hablar con alguien que no conoces y descubrir tanto talento, buenas intenciones y sentimientos tan bellos. Gracias a Dios por esta década que estoy viviendo a plenitud y sin arrepentimientos. Dar gracias puede ser por cosas importantes, pero también por cosas simples… Todo depende de la actitud que tengas. Yo nunca uso mi lavadora de platos eléctrica pero como tuve invitados resolví consentirme y usarla. Ojalá hubiera leído cuidadosamente el letrero del jabón que usé, porque efectivamente decía que era para lavar platos pero por ningún lado especificaba que era para el lavaplatos eléctrico... Cuando menos pensé la espuma se multiplicaba por el piso de mi cocina y solo crecía más y más, y aunque obviamente no fue divertido y me tomó un par de horas deshacerme de la blanca “inundación”, pues gracias tuve que dar de haber estado en casa en lugar de haber llegado a encontrar tremenda escena. “Estar” y “ser” agradecidos depende del cristal con el queramos mirar a nuestro alrededor. ¡Feliz semana de Acción de Gracias! Espero tus comentarios en: pilar@7dias.us |
|








