Las malas consecuencias por lo general, son el producto de decisiones erróneas, entonces la pregunta sería: ¿Cómo podremos evitar las malas decisiones? Para ello se requiere conocimiento y experiencia, como dice el dicho “los tropezones enseñan a levantar los pies”, cada experiencia mala o buena, nos enseña cómo actuar en un futuro. Las experiencias negativas por lo general nos dicen no volverlo hacer, así como las positivas nos entusiasman a seguir una practica determinada. Este proceder, basado en la experiencia, es usado en la mayoría de los casos, para evitar malas consecuencias. Sin embargo, la vida tiene muchas facetas y lo que resulta favorable en el pasado, en un determinado momento, no necesariamente se puede aplicar en el presente a una situación parecida. En otras palabras, un acto erróneo en un momento determinado, puede traer funestas consecuencias, pero esa misma acción, en circunstancias diferentes no daría un mismo resultado. Les daré un ejemplo muy simple, si una persona toca una cafetera hirviendo y se quema, no por ello esa misma acción, al tocarla fría o con una agarradera, producirá la misma consecuencia. Esto me lleva a pensar, que una acción sin mucha atención, es lo que nos lleva muchas veces a las malas consecuencias. Por consiguiente, si aplicamos la experiencia, sin el conocimiento, a lo que nos acontece en el presente, erraríamos la mayoría de las veces, pues posiblemente las circunstancias implicadas son diferentes. En mi parecer, la manera más precisa para saber qué hacer en un momento dado, es simplemente entender lo que está ocurriendo en cada situación, conociendo cabalmente las circunstancias que rodean el caso, de acuerdo al momento en que sucede, para luego tomar una decisión. El sabio Salomón lo explica de una manera muy clara: Todo acontece de la misma manera a todos, un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento. Me volví y ví debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni de los prudentes la riqueza, ni aún de los sabios el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. |
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