Cada año nuevo nos trae el deseo de tomar nuevas resoluciones y planificar una vida más placentera y productiva. El mayor dilema se presenta en cómo mantener esas resoluciones tan anheladas. En primer lugar creo que debemos partir de una base realista. Muchas veces no logramos lo que queremos, simplemente, porque nos ponemos metas más allá de nuestras posibilidades. Las resoluciones del año nuevo deben estar de acuerdo con nuestra fortaleza física, emocional, económica, y grupo familiar. Debemos trazarnos metas que sabemos están en armonía con la capacidad de alcanzarlas. Por ejemplo, si nos proponemos a perder peso, debemos comenzar paulatinamente con una simple disciplina, tal vez iniciando con limitar los postres o las golosinas extras que usualmente comemos entre comidas. Luego, proponerse a caminar una o dos veces a la semana y paulatinamente aumentar a tres o cuatro veces. Si queremos hacerlo todo de una vez, probablemente nos cansaremos o aburriremos rápidamente, y por consiguiente nuestra resolución de adelgazar se convertirá en una “misión imposible”. Sin embargo, el factor más importante para mí, es contar con la voluntad de Dios al hacer cualquier acuerdo o resolución. Aunque, como seres humanos gozamos de “libre albedrío”, que es la libertad de decidir y hacer lo que se quiera. Si ignoramos la voluntad perfecta de Dios, al hacer una resolución, los resultados no serán por lo tanto “perfectos” para nuestra vida. Sencillamente, estaremos operando en la voluntad permisiva de Dios, que tolera el hacer y deshacer de nuestra voluntad – Esto incluye ir a los extremos del mal o del egoísmo, cuando permitimos que el “ego” comande nuestra vida. O poder hacer el bien y ser bondadosos, cuando permitimos que la voluntad de Dios prevalezca en nuestras vidas. Esto explica, por qué existe la maldad, o la bondad en el mundo, y cómo personas pueden distinguirse pasando de un extremo al otro –como Hitler haciendo el mal o como la Madre Teresa, haciendo el bien. En conclusión, el tomar una nueva resolución, para bien o para mal, depende de si en la decisión incluimos a Dios o no... De no incluirlo, les aseguro que se saldrán con la suya – Dios nos creó con libertad y no lo va a impedir. Pero les garantizo, que además de muchos tropiezos, el esfuerzo será mucho mayor, necesitarán mucha más energía, lo que por consiguiente se reflejará en falta de tiempo para compartir con los seres queridos, y el resultado no será tan bueno como se esperaba. ¡Pero lo más serio es la carencia de verdadero gozo y paz! |
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