Este fin de semana comencé a viajar a la Costa Oeste de la Florida para asistir a un curso de Teoterapia Integral presentado por el CENTI, Centro de Teoterapia Integral, originado en Colombia bajo la dirección de Néstor Chamorro, presidente y fundador a partir del año 1963, el cual es conocido en 45 países del mundo como el “Proyecto Uniendo Familias y Sembrando Esperanza”. Este centro internacional tiene como objetivo alcanzar a los jóvenes universitarios y al sector profesional para formar convicciones y producir un “cambio de vida” con el fin de “ser parte de la solución y la respuesta que necesitan nuestros países en el mundo entero”. Por supuesto, todo cambio en la sociedad comienza por el cambio de cada individuo... No podemos pretender un “cambio de vida” al menos que paulatinamente se alcance un cambio personal. Este cambio o formación debe comenzar a temprana edad y se debe solidificar en la juventud, lo que por supuesto garantiza un futuro mejor para cada nación. Sin embargo, la Teoterapia Integral es un instrumento para todo individuo de cualquier edad que desee: “Comprender la importancia del desarrollo personal como fundamento para disfrutar de la paz y la salud integral, uno de los más grandes anhelos del ser humano”. Es por eso que me ha interesado asistir a estos cursos de formación integral, con la motivación no solo de un cambio de vida personal, pero también con el deseo de poder llevar este conocimiento a las demás personas... como todos ustedes saben creo que es de vital importancia conocer y expandir cada vez más los principios que fundamentan nuestro crecimiento personal y espiritual. Tengo que agradecerle mucho al instructor Manuel Pinzón y a su esposa Ana Lucía, que de una manera muy sabia y elocuente nos enseñan a comprender “las bases donde descansa nuestra seguridad”. Así también estoy sumamente agradecida con el grupo que me acogió con verdadero cariño y especialmente a Olga Lucía, su esposo Alan, su preciosa hija Laurita y Sparky (el miembro más consentido de la familia), quienes me acogieron en su precioso hogar, haciéndome sentir como en mi casa, donde pude disfrutar de la calidez que solo una verdadera familia puede ofrecer. Les deseo compartir algo de lo que aprendí, los cinco requisitos para ser feliz: 1. Tener una relación de comunión con Dios. 2. Vivir en armonía y pertenecer a una familia. 3. Disfrutar y cuidar del lugar donde vivimos. 4. Abundante provisión para cubrir nuestras necesidades. 5. Cumplir con la honrosa responsabilidad de trabajar. |
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