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Publicado el 05-15-2009   enviar imprimir
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MARISABEL BLUMENTHAL

¿De dónde vienen las enfermedades?

MARISABEL BLUMENTHAL
¿Disfrutó de “Hamlet” en español?

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Las enfermedades en un 87 por ciento son provenientes de la manera en que pensamos y el 13 por ciento restante son consecuencia de la herencia genética, la mala alimentación y el medio ambiente.

Importantes estudios han traído en conclusión que existe una fuerte relación entre las enfermedades crónicas y el estilo de vida, cuando estamos cargados de emociones tóxicas... es decir, patrones culturales y maneras de pensar, donde la tradición sin convicción y la falta de instrucción, crean culturas débiles espiritualmente y por lo tanto mental y físicamente.

Como mencioné en mi columna de la semana pasada, las creencias provienen de la combinación entre tradición, cultura, religión, y educación... lo que se puede convertir en un simple conocimiento intelectual, sin un verdadero conocimiento de la fuente original... la comprensión es el poder que nos lleva del pensamiento a la acción.

Este pensamiento o manera de pensar nos llevará a la acción correcta o equivocada, de acuerdo a los patrones de conducta que hemos adoptado a lo largo de nuestra vida. Por eso se habla de mantener un “pensamiento positivo” para tener una vida llena de salud, gozo y prosperidad.

Cada persona es producto de sus pensamientos, los cuales a su vez provienen de creencias, basadas en algo aprendido y aunque sin sentido, no lo cuestionamos, bien sea por negligencia o por miedo a contrariar la tradición o la cultura.

Me refiero concretamente a las cosas que hacemos y repetimos sin preguntarnos de dónde provienen, como el ejemplo del “asado de carne”, tal vez bastante conocido. Se trata de una niña que observa cómo su mamá cuando va a cocinar un pedazo de carne al horno, antes de ponerla en el envase, le cortaba un poco los dos extremos... hasta que la niñita decidió hacerle la pregunta: “¿mamá, por qué cortas esos dos pedazos a la carne?”. La mamá muy seria y persuadida le dijo: “Porque así lo hacía mi mamá”. Entonces un buen día, cuando la abuelita vino de visita, la niña le preguntó: “¿Dime abuelita por qué le cortabas las dos puntas a la carne antes de hornearla?”, la señora muy sonriente y divertida le dijo: “Pues mijita, porque el envase que tenía en ese tiempo era un poco pequeño”...

Cuántas veces no pensamos y actuamos repitiendo las cosas que hemos visto u oído de nuestros antecesores, abuelos, padres, maestros, tíos, hermanos o amigos,
simplemente por imitarlos sin preguntarnos o cerciorarnos por qué realmente lo hacían y verificar sin miedo el sentido de nuestras acciones.

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