Por lo general pensamos que el dinero nunca es suficiente... pero podemos escoger otra alternativa y es saber administrar el dinero de tal manera que sirva para darnos satisfacción en lugar de preocupación. ¡Por supuesto es mas fácil decirlo que hacerlo! Creo que lo primero, es imaginarnos cómo sería un perfecto día para cada uno en particular. Después, planear cuidadosamente como hacer para tener ese “perfecto día” todos los días de ahora en adelante. Segundo, calcular cuánto dinero necesitaríamos para cubrir ese estilo de vida que nos gustaría tener por el resto de nuestra existencia. Tercero, conseguir un trabajo que realmente nos satisfaga tanto en la parte económica, como en la labor que desempeñamos. Mientras más nos guste nuestro trabajo más empeño y entusiasmo le pondremos, por lo tanto obtendremos más productividad y en consecuencia ganaremos mucho más. Cuarto, no malgastar el dinero en cosas que realmente no necesitamos, pero de la misma manera no ahorrar en las cosas que nos dan confort y bienestar. Quinto, vivir de acuerdo a lo que ganamos y no adquirir deudas o comprar con las famosas tarjetas de crédito, al menos que no quede otra alternativa. Sexto, compartir de nuestro dinero para obras de caridad y ayuda a los demás, aproximadamente un diez por ciento de lo que ganamos al año. Séptimo, disfrutar en cada momento de lo que se tiene. Es decir, que es más importante la calidad de lo que se obtiene con el dinero que la cantidad que se utiliza para adquirir algo. Lo costoso no determina el disfrute de lo que compramos, bien sea ropa, comida o diversión; lo más importante es que cada cosa se goce al máximo de acuerdo a nuestras posibilidades. Por último es esencial darnos cuenta que el dinero existe con el propósito de intercambiar mercadería entre las personas, no para hacer feliz a nadie y mucho menos para quitarnos el sueño. Como dice el famoso dicho “debemos arroparnos hasta donde nos llegue la cobija”... si tenemos más, podremos gastar un poco más en cosas más costosas o de lo contrario, si ganamos menos, podremos sustituirlas creativamente por cosas más simples, pero que a la vez nos den satisfacción. ¡Así disfrutaremos no importa lo que tengamos! Por ejemplo, en vez de ir todas las semanas a un restaurante es mejor reunirnos con amigos para compartir nuestros platos favoritos y comer juntos, disfrutando de juegos y conversaciones amenas, lo cual a la larga es más agradable que comer solos y gastar mucho más en restaurantes por bonitos o elegantes que estos sean. |
|








