Me incluyo, porque cuando estaba joven pensaba que era necesario seguir el “juego de la gente”. Pero hoy en día, considero algo absurdo el ser arrogante, me parece un comportamiento inútil y sin sentido, por lo tanto trato de evitarlo y no darle mucha importancia. Sin embargo, me fastidia lidiar con personas que han adoptado esa manera de ser y me he preguntado ¿A qué se debe que personas “maduras” continúen en ese tonto e improductivo comportamiento? La semana pasada, cuando asistí a una conferencia financiera, escuché una simple frase que lo expresa muy claramente “La arrogancia es la otra cara del miedo y la inseguridad”. Las personas altivas, se distinguen por ser distantes y poco comunicativas, es decir, sus respuestas son calculadas, se hacen de rogar, rara vez devuelven una llamada telefónica inmediatamente y por supuesto tampoco son francos y directos; pareciese que se pasaran una gran parte del tiempo “maquinando” sus respuestas, lo que considero un gasto inútil de energía y productividad. En conclusión esas personas simplemente se sienten inseguras y desean ocultar a toda costa, esa parte de si mismos, para no percibirse menos que los demás. Sin darse cuenta que los únicos que sufren son ellos mismos, limitándose a vivir siempre restringidos por el miedo y la incertidumbre de no saber como dirigir a su antojo las circunstancias, o lo que es peor, como controlar las acciones de las demás. En realidad este orgullo es una manera de cubrir la falta de fe… esa incapacidad de poder confiar encierra un sentimiento de inferioridad y el temor de no “estar a cargo”. Esto por lo general aterra más al hombre que a la mujer. Las mujeres tenemos el “permiso” para parecer “débiles”, mientras los hombres deben ser “fuertes” en todo momento y no mostrar síntomas de inestabilidad y mucho menos fragilidad. Por lo tanto, ese fenómeno de la arrogancia se observa más a menudo entre los hombres, especialmente en sus negocios. Sin embargo, en esta época “moderna”, donde la mujer trabaja a la par del hombre y necesita competir y sobresalir en los negocios, se presenta ese mismo síntoma. Muchas veces se confunde la espontaneidad y la amabilidad con debilidad. Pero creo que es todo lo contrario, las personas que no se expresan abiertamente, simplemente pierden la sencillez, midiendo todo lo que hablan, piensan y sienten, en un intento para no parecer vulnerables y tal vez albergan en sus mentes la ilusión de ser superiores… por el temor a ser controlados. |
|








