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Publicado el 02-20-2010   enviar imprimir
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MARISABEL BLUMENTHAL

¿Cómo se puede nutrir el amor?

MARISABEL BLUMENTHAL
¿Disfrutó de “Hamlet” en español?

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En mi columna de la semana pasada acerca de lo que llamamos amor y nos capacita para amar y ser amados, varios de mis lectores hicieron el comentario de cómo se puede “nutrir” el amor cuando se ha tenido un hogar disfuncional... por supuesto, me puse a pensar al respecto y llegue a la conclusión que para revertir los daños de la falta de padre, la única alternativa es aceptar y disfrutar del amor incondicional del Padre Celestial.
Esto aunque parece fácil de decir es uno de los problemas que se presentan cuando la persona no ha tenido esa figura paterna, entonces sucede que le es difícil relacionarse con el verdadero Padre, ¡El que realmente nos dio la vida!
El matrimonio o la unión entre dos personas: hombre y mujer, fue la primera institución que Dios creó cuando dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, le haré una ayuda idónea para él”... Este diseño fue creado con el propósito de “amar y ser amados” por nuestro cónyuge y para disfrutar de un amor real y profundo basado en el ejemplo de nuestros padres. Es decir, que si no tenemos ese ejemplo de amor en nuestra propia casa y la de un matrimonio basado en el afecto y la consideración, se agrava más la situación, en especial cuando los padres se separan y la figura paterna no existe... entonces es bastante difícil estar capacitado para amar a otra persona.
El amor comienza y se reproduce, como mencioné la semana pasada, en la “tierra buena” que ha sido abonada con amor, cariño, consideración y comunicación de parte de las personas que nos han criado. Por eso no importa quienes son los padres biológicos, lo importante es tener personas a nuestro lado cuando nacemos que nos cuiden y nos alimenten física y emocionalmente con amor y cuidado.
Pero si se carece de esa importante nutrición de cuerpo, alma y espíritu, no se podrá desarrollar sanamente el “amor”, porque no se ha aprendido a desarrollar el Fruto del Espíritu. Me refiero al amor, la paz, el gozo, la amabilidad, la bondad, la paciencia, la humildad, la fidelidad y la auto-disciplina para amar y ser amados.
Si no se ha tenido la suerte de pertenecer a un hogar bien constituido, como es el caso de muchas personas hoy en día... la única alternativa entonces es aprender directamente del Padre que nos ha creado,
porque su amor por cada uno de nosotros sobrepasa cualquier padre terrenal.
Cuando las personas descubren y experimentan ese gran amor, rindiéndose verdaderamente al amor de Cristo, que dio su vida “solo por amor” a cada uno de nosotros, es cuando finalmente experimentamos ese amor incondicional, no importa que hogar tuvimos, porque el “Amor de Dios cubre multitud de faltas y errores”. Solo a partir de ese momento podemos revertir el pasado y edificar un nuevo sentir para disfrutar de la compañía de otra persona, dar afecto y por supuesto amar y ser amados.

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