Según un proverbio chino que encontré en una galletita de la suerte: “Una persona joven es aquella que mantiene una buena salud”. Como todos deben saber, no creo en la suerte supersticiosa, pero si creo que la “buena suerte” es el producto de todo aquel que ha sabido mantenerse saludable. En otras palabras, todo aquel que guarda su salud, física, mental y espiritual, no importa su edad cronológica... se considera como una persona “joven”. Conozco varias personas que pertenecen a esta categoría, las cuales pasan de los ochenta años y se ven súper bien, tienen una excelente salud, gozan de la vida, se alimentan bien y siguen trabajando como voluntarios todos los días. Entre mis ejemplos favoritos debo mencionar el de una buena amiga y su reciente esposo, quienes se casaron de nuevo a los ochenta años y ya cumplieron su quinto aniversario. ¡El esposo cumplió ochenta y nueve y ella ochenta y seis! Pero lo mejor de todo es que están divinamente y además enamorados como adolescentes. Ambos tienen mucha energía, hasta para viajar en automóvil cada seis meses desde Pittsburg donde el esposo ha vivido muchos años y los otros seis meses vienen a Sarasota donde ella mantiene su residencia. Ellos se conocieron cuando ambos eran vecinos de apartamento en Siesta Key y vivían felizmente con sus respectivos cónyuges... hace más de cuarenta años. Como verán esto confirma el proverbio... cuando se tiene una perfecta salud, la cual se ha mantenido a lo largo de toda una vida, entonces podremos decir que somos “jóvenes”, simplemente, porque siempre nos sentiremos con la energía de la juventud para cambiar de marchas y volver a comenzar. Es interesante que después de haber comenzado a escribir este artículo, a la mañana siguiente, como tengo por costumbre dedicar un tiempo a leer la Biblia, por “casualidad” me topé −en el libro de Eclesiastés en el capítulo siete− con otro proverbio que dice: “No hagas mucho mal, ni seas insensato, para que no tengas que morir antes de tu tiempo... porque aquel que a Dios teme le saldrá todo bien”. En otras palabras, “has bien, para que te vaya bien”, no solamente debemos no hacer el mal, sino ser “sensatos” para hacer el bien, comenzando por nosotros mismos, cuidando nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu... porque todo pertenece a Dios y el mal uso de nuestro “templo” nos traerá la ruina en todos los aspectos de la vida como seres humanos. En conclusión, lo importante es no descuidar nuestra manera de vivir, tanto física, mental como espiritualmente, siempre pensar y estar saludables en todos los niveles, para disfrutar de una larga vida y mantener una juventud imperecedera. |
|








